De cómo RTVE se quedó sin Consejo el mismo día que los valientes trabajadores de Amazon dan una lección

Me había propuesto escribir sobre la feminización de la política y dejar descansar el tema catalán, que ya empacha, pero la actualidad manda, y en ese empeño de ganar el relato (una estrategia de comunicación política muy bien urdida, por cierto), no hay día que no generen titulares.

Puigdemont, que sabe que su liderazgo (que él se empeña en convertir en hiperliderazgo independentista) corre peligro si queda relegado a vivir fuera de Cataluña (y consciente de que la declaración unilateral de independencia está fuera de agenda), no ha perdido en tiempo, y se saca de la manga una iniciativa que no tiene otra finalidad que desactivar cualquier pretensión del PdeCat que no pase por él, ya que en apenas unos días la antigua Convergencia celebra su Congreso, y afianzarse como líder indiscutible de esa independencia imaginaria que logró vender como nadie, y eso hay que reconocérselo a las estrategias urdidas por él y sus asesores.

Justo cuando el relato independentista pierde fuelle en Europa, lanzan una nueva oleada.

Así que a la espera de que Llarena retire la euroorden, ayer fue presentado el movimiento Crida Nacional per la República, encabezado, como dije, por el propio Puigdemont y con el beneplácito de su alterego, Quim Torra. En el manifiesto fundacional se asegura que su fundamento es “desplegar una estrategia destinada a convertir Catalunya en un Estado independiente, en forma de república, nacionalmente libre”, y tienen como objetivo aglutinar “a aquellas personas que compartan el objetivo de proclamar la República Catalana mediante métodos exclusivamente pacíficos y democráticos”.

Al principio del manifiesto, como es habitual, recurren al Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas, cuyo artículo 1 proclama que “todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación”. Pero, como siempre, olvidan premeditadamente añadir que el artículo 4 de ese mismo documento especifica que tal derecho no autoriza, ni fomenta “acción alguna encaminada a quebrantar o menoscabar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes (…) dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivos de raza, credo o color”. Ya que “todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”. Es decir, la tan cacareada resolución de la ONU no es aplicable en el caso de Cataluña.

Al margen de esta muletilla propagandística que repiten como mantra todos los independentistas y que pocos se encargan de comprobar, hay aristas políticas internas que merece la pena analizar.

Empecemos por ERC, a quien también han llamado a participar. El partido republicano no quiere ni oír hablar de diluirse en ese invento y ceder con ello su influencia en la sociedad catalana, y así han rechazado cortésmente la invitación, porque la consigna es dar apariencia de unidad, ya que si no el independentismo comenzaría a tener el peligro de resquebrajarse.

Pero casi peor es la situación del PdeCat, que asiste al lanzamiento de una OPA por parte de su líder sin encomendarse ni a dios ni al diablo, y, sobre todo, sin consultar a nadie (el hiperliderazgo del que hablábamos).

En el PdeCat fingen estar de acuerdo, mucho más teniendo en cuenta que este fin de semana se celebra su Congreso y nadie quiere escenificar una ruptura en el partido. El dilema es cómo lograr que el PdeCat sobreviva sin diluirse en el nuevo invento.

Veremos cómo se van desarrollando los acontecimientos, pero sin duda es como mínimo curioso que todo el independentismo baile al son de un líder huido y llegado a la Presidencia de la Generalitat y el partido de rebote. Pero ¿cuánto tiempo puede durar esta situación sin estallar? Imagino que dependerá de la paciencia de los republicanos y de la fortaleza que aprecien los exconvergentes este fin de semana dentro de su propia formación.

Lo que sí está claro es que Puigdemont no piensa rendirse fácilmente, y de momento tiene el apoyo, incluso económico, para seguir alimentando su histriónico ego muy bien aderezado con excelentes dotes comunicacionales.

RTVE a la espera del concurso

La renovación del Consejo de RTVE por decreto se topó ayer con el voto erróneo de dos diputados que dio al traste con los nuevos nombramientos. Pero esa elección, con nombres de consejeros a dedo y no exenta de polémica por algunos de los nombres incluidos, ya nació viciada. En cuanto al error, que unos dicen que obedeció a una premeditada estrategia, mientras que otros lo achacan a la justicia poética, trae consigo que sea un Administrador Único quien se encargue del ente mientras se resuelve el concurso público, que finalmente ha sido desbloqueado.

Desde Unidos Podemos, tras lanzar sospechas sobre que el error no fue tal, pedirán la repetición de la votación, ya que de no suceder así, sus nombramientos quedarían en agua de borrajas, lo que en el fondo se traduce en una especie de fracaso político, después de que Pablo Iglesias presumiese de que logró que Sánchez dejase en sus manos la selección de los nombres de quienes se sentarían en el Consejo, incluyendo a su presidente (algo que, como ya sabemos, acabó como el rosario de la aurora). Pero según tengo entendido, esa repetición depende de la presidenta del Parlamento, y son muy infrecuentes, por no decir casi inexistentes, este tipo de repeticiones.

Pronto sabremos cuál será el resultado, pero lo cierto es que los trabajadores de RTVE no están muy contentos con este inesperado desenlace.

Hablemos de primarias

Las primarias del PP suben de tono, aunque el revuelo armado por el vídeo (que a mi juicio es bastante ligth) está sobredimensionado. Lo más llamativo quizás sea que Rajoy no esté tan ajeno a esta batalla como ha pretendido transmitir, pues según las informaciones (reconocidas por el entorno de María Dolores de Cospedal), el expresidente ha llamado a la exsecretaria general para que recapacite y hable con Soraya para negociar una lista común. Y no es de extrañar, pues la campaña de Casado consiste en hacer una enmienda a la totalidad de la época Rajoy.

Y hablando de la campaña me pregunto, ¿quién le ha aconsejado a Casado (independientemente que sea acorde con su propia ideología) girar de tal forma hacia la extrema derecha? Quizás haya más caldo de cultivo del que parece, seguramente que sesudos asesores han estudiado ese granero de votos, pero ¿de verdad creen que ese giro será finalmente ganador de elecciones? ¿A cuenta de qué entra en el farragoso terreno de defender la dictadura franquista y alertar de que exhumar los restos de Franco podría generar otra especie de guerra civil en España?

De verdad que no alcanzo a comprender esa ultraderechización en referencia a lo que comunicación política se refiere. Tradicionalmente las mayorías se ganan en el centro del tablero, pocos partidos extremistas han llegado en los últimos tiempos al poder en Europa, a pesar de que lamentablemente han logrado un aumento significativo en su número de votos, principalmente por lanzar consignas xenófobas en momentos de crisis económica y oleadas de refugiados. Aun así, quiero creer que en España no es muy acertado apostar por la extrema derecha, de hecho, el intento de Vox no ha resultado muy fructífero que digamos.

Aunque aquí debo añadir que el hecho de que parte de la nueva izquierda y los partidos independentistas hagan continuas acusaciones de fascista y/o franquista a todo aquel que opine ligeramente diferente a sus posturas, está alborotando el gallinero.

No sé qué pensarán en Ciudadanos, pero yo que ellos me alegraría mucho de que me sirviesen el centro-derecha en bandeja, pues por mucho humo que últimamente haya levantado la ultraderecha en Europa, lo cierto es que de momento su ascenso no pareciera ser descontrolado en los grandes países de la UE.

Cosas veredes, querido Sancho, ¿quién iba a pensar que Soraya Sáenz de Santamaría acabaría siendo la más progresista del partido?

Amazon ya no será lo que era

No quisiera terminar sin dedicar unas líneas a la huelga de los trabajadores de Amazon España, que según los sindicatos ha alcanzado un éxito del 80%.

A la espera de los anunciados cambios en la reforma laboral, que al menos garanticen que los trabajadores españoles dejemos de ser esclavos del siglo XXI, quiero felicitar la valentía de quienes arriesgándose a perder su puesto de trabajo en medio de esta interminable crisis económica, que algunos se empeñan en convencernos de que ya acabó, se lanzan a una huelga de tres días que dignifica a este país, sumido en la apatía que da el miedo y en la vana esperanza de que los cambios políticos bastarán para que cambien las cosas.

La lucha en las calles jamás debió ser sustituida por la lucha en Twitter. Las reivindicaciones laborales y sociales jamás debieron ser dejadas en manos de ningún partido político, por muchas promesas que haga.

Por eso, y disculpándome por romper esa regla imposible de la imparcialidad, quiero reafirmar que la salida de los pensionistas y mujeres a las calles para exigir a los políticos que hagan su trabajo, las protestas en RTVE para denunciar la manipulación informativa (que no es lo mismo que la parcialidad individual en artículos de opinión) y la huelga de hoy contra la todopoderosa Amazon me han brindado más esperanza en que hay camino para un verdadero cambio que nos lleve a superar esa idea milenial que nos ha casi convencido de que ser esclavos “es lo que hay” que todos los partidos políticos que prometen asaltar los cielos.

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Puigdemont, el rey y el estrepitoso silencio sobre Nicaragua

La política española anda movidita últimamente. Los anuncios gubernamentales de importantes cambios en Educación, Ciencia, Igualdad, Sanidad y Vivienda no paran de sucederse, y sin duda tendrán sus respectivos post cuando corresponda, porque hoy vuelve a tocar hablar, cómo no, de Cataluña.

Las reacciones a la resolución del tribunal alemán de no extraditar a Puigdemont por rebelión han sido bastante desproporcionadas. Solo el presidente Pedro Sánchez y la candidata Soraya Sáenz de Santamaría han tenido la prudencia de asegurar que las resoluciones judiciales se acatan y luego se analiza cuál es el siguiente paso a seguir por la Justicia española, que evidentemente seguirá su curso.

Tanto independentistas como centralistas, de izquierdas y derechas, se han apresurado a declarar que la Justicia alemana ha desacreditado a la Justicia española. Unos alegando que el delito de rebelión no existe y debe ser retirado de las causas de los demás imputados en el procès; y otros pidiendo la cabeza de los jueces alemanes y hasta la suspensión del tratado Schegen (de libre circulación de ciudadanos) porque a su juicio se han burlado de nuestro país.

Pero ni unos ni otros están en lo cierto, pues sin saber nada de derecho ni haber leído la sentencia completa, en mi modesta opinión lo que ha dicho el tribunal alemán es que el delito de rebelión español no es compatible con el de alta traición en Alemania, porque la alta traición requiere más violencia que la ejercida en Cataluña y la puesta en peligro la estabilidad del Estado. Es decir, no se cumple el principio de reciprocidad del delito, lo que no quiere decir en modo alguno que la rebelión no deba ser delito en España, ni que Alemania haya declarado inocente a Puigdemont (de quien, por cierto, asegura que no es un perseguido político), ni siquiera que la Justicia alemana le haya doblado el brazo a España como dicen algunos.

La alternativa está cantada: el juez Llarena retirará la euroorden y Puigdemont volverá a Waterloo sin poder pisar España si no quiere ser detenido. Aunque parece ser que hay una posibilidad jurídica que le permitiría al Supremo rechazar la extradición pero dejar vigente la euroorden, solución que confinaría a Puigdemont a vivir los próximos 20 años en Alemania.

En todo caso, creo que a estas alturas el exilo del expresident se celebrará en secreto hasta entre los propios líderes independentistas, pues inevitablemente en el exterior irá perdiendo todo protagonismo, lo que facilitará la negociación entre Gobierno y Generalitat sin la independencia como meta (aquello del farol que admitía Ponsatí), los posibles acuerdos de algunos presos con la Fiscalía y, algo muy importante, dejará libres las manos de los miembros del PdeCat proclives a volver al redil del autonomismo en la Asamblea Nacional del partido que tendrá lugar el 22 de julio, y en la que plantearán cambios estructurales en la dirección y elegirán a sus líderes.

En cuanto a las consecuencias en lo que respecta a la Justicia española, hay informaciones que apuntan que una vez acabada la instrucción se cambie la acusación para los presos del procès por conspiración para la rebelión, lo que rebajaría significativamente las penas.

Corinna y el rey

Es imposible abstraerse a esta apasionante novela de reyes, princesas, espías, conspiraciones, desfalco fiscal y conductas delictivas.

No vamos a fingir que no sabíamos o como mínimo sospechábamos que esta trama novelesca era, como muchas otras tramas, basada en hechos reales, y nunca mejor dicho. Pero estas grabaciones ponen la guinda al pastel.

Lo suyo, sin duda alguna, es que la Agencia Tributaria y la Fiscalía tomen nota y den inicio a las investigaciones pertinentes, pues de no hacerlo, además de incumplir sus funciones, dejarían tocada de muerte a la monarquía española. La inviolabilidad no significa en modo alguno impunidad. ¿Veremos cómo el rey Felipe VI deja ahora de hablar a su padre y lo excluye de la familia real? Todo es posible en ese mundo irreal y extemporáneo de reinos y princesas en el siglo XXI.

Nicaragua también existe

Pero en realidad hoy quería escribir sobre Nicaragua. Más bien sobre el silencio de los medios sobre las protestas del pueblo nicaragüense contra el Gobierno de Daniel Ortega, que ya llevan casi tres meses y se han cobrado la vida de 300 personas, la desaparición de otras 200 y casi 2.000 heridas, la mayor parte de ellas jóvenes manifestantes.

Hemos pasado dos semanas pegados a la tele pendientes de la vida de 12 niños y su joven entrenador atrapados en una cueva de Tailandia. El mundo entero ha llorado por ellos y se ha alegrado del final casi completamente feliz de tan arriesgado rescate. Y no digo que esté mal, yo también he estado siguiendo al minuto la suerte de estos pequeños. Pero en estos meses no ha habido ni un solo minuto televisivo dedicado a la nueva revolución que agita las calles de Nicaragua porque su líder liberador se ha transformado en un tirano corrupto tan represivo como aquel Somoza al que lograron derrocar en 1979.

El porqué de este silencio es muy cruel. La aventura de la cueva tailandesa se vivió como si del guión de una película se tratase, con héroes arriesgando su vida, con escenas de valentía y supervivencia. El rescate de los niños de Tailandia era una historia de esperanza, y si hubiese acabado mal, lo hubiésemos vivido como un episodio de mala suerte, como cuando una película que acaba mal. Pero ver cómo caen asesinados jóvenes que luchan por su futuro por balas policiales y parapoliciales, observar cómo lloran esos padres a quienes les arrebatan a sus hijos con un fondo de insoportable pobreza no es plato de gusto, no son imágenes para relajarse mientras se cena.

Me gustaría decir que hay poderes ocultos tras este silencio, pero desafortunadamente es simple desidia, no interesa como noticia y punto. El pasado domingo, un sangriento asalto a los manifestantes por parte de la policía y las fuerzas paramilitares progubernamentales dejó como resultado los cadáveres de 31 civiles, cuatro policías y tres miembros de los grupos armados afines a Ortega. Ni siquiera con 38 muertos en un solo día he visto ni una sola mención en los telediarios españoles. Ni una sola declaración de pésame de algún político español.

Nicaragua es pobre, muy pobre. Y desde que su aliado Nicolás Maduro ha dejado de enviar petróleo porque Venezuela está en la más absoluta de las miserias, la situación económica empeoró de tal manera que sacó a la gente a las calles pidiendo libertad y vida digna, nada más y nada menos. Pero hasta el propio Ortega olvida que los nicas no se rinden y quienes derrocaron con su lucha sin cuartel, promovida desde las parroquias que profesaban la teología de la liberación, siguen vivos, y esta vez la mayoría de ellos no están de su parte. En 1979 los nicaragüenses triunfaron contra todo pronóstico y creo firmemente que en 2018 volverán a hacerlo.

Y hablando de Venezuela, tampoco hemos vuelto a ver noticias de este rico país latinoamericano en el que la población muere de hambre, balas y falta de atención sanitaria a causa de una ruina económica gestada por los corruptos e ineptos gobernantes, con Nicolás Maduro a la cabeza.

Lo último relevante fue la noticia de que la oposición se levantó de la supuesta mesa de diálogo en República Dominicana organizada por el expresidente Zapatero, quien se mostró curiosamente más indignado de lo que es conveniente entre los mediadores. El problema es que en estos momentos desconocemos quién avala esa mediación de Zapatero, la Unión Europea ha declarado que no actúa en su nombre, tampoco lo hace por encargo de la OEA, y dudamos que lo haga a petición de la Administración Trump. Así que nos queda Unasur, una organización supranacional montada por el chavismo para intentar desplazar a la OEA y que en estos momentos se encuentra completamente desactivada. Es decir, hoy en día el expresidente es un mediador por cuenta propia, más allá del apoyo que le ha brindado el Gobierno español, pues no olvidemos que grandes empresas españolas tienen muchos intereses económicos en el país.

El caso es que tanto Nicaragua como Venezuela han dejado de tener presencia en los medios audiovisuales españoles, y por lo tanto en redes sociales como Twitter. Y como expliqué anteriormente, la razón es que han dejado de interesar como hecho noticioso. A pesar de que en Venezuela viven 400.000 españoles y la mayor emigración a España en los últimos tres años es de venezolanos. Pero probablemente por esos intereses empresariales españoles que no quieren enfadar a Maduro, que amenaza una y otra vez con la expropiación.

El silencio, como dije antes, no es solo televisivo: ningún político de izquierdas o derechas se ha pronunciado ni siquiera por Twitter sobre la situación en Nicaragua. Y aquí quisiera resaltar lo vergonzoso que resulta que cierta izquierda europea siga defendiendo a los dictadorzuelos corruptos, nepotistas y represores asesinos de Maduro y Ortega. Decir que son democracias de alta calidad, como han dicho algunos de ellos, es, además de peligroso, vergonzante.

En este sentido quisiera recordarles que ni siquiera se trata de gobiernos de izquierda (motivo por el cual suelen defenderlos, al margen de que algunos de ellos hayan tenido el dudosísimo honor de asesorarlos), simplemente se trata de nuevos caudillos apoyados en las armas de Ejércitos bien alimentados y hordas paramilitares armadas por ellos mismos, que además de asesinar a su pueblo, tienen la mala costumbre de creer que lo público les pertenece. Algo a lo que por desgracia estamos acostumbrados en Latinoamérica, se pongan la etiqueta de izquierdas o de derechas. Hasta donde yo sé, aquí y en Pekín, las uniones cívico-militares se llaman dictaduras, aunque se hagan paripés electorales.

Confío, sin embargo, en ver prontamente las imágenes del triunfo de los pueblos venezolano y nicaragüense celebrando con pleno derecho las caídas de sus respectivas dictaduras.

¿Cuál será la estrategia de los independentistas para enfriar el procès sin enfriar a sus votantes?

Llegó el día “D”. Pedro Sánchez y Quim Torra se verán finalmente las caras.

Poco puede esperarse de este primer encuentro, más allá de que Torra fuerce una segunda entrevista, esta vez en la Generalitat, pues debe “vender” a sus seguidores la idea de que le tuerce el brazo al presidente español y lo obliga a tratarlo de igual a igual, de presidente a president, llevándolo a su terreno de la bilateralidad.

A mi juicio, Sánchez tiene todas las de ganar en este encuentro. Mientras que PP y Ciudadanos lo acusan de doblegarse ante los independentistas aceptando “negociar” la autodeterminación, en el bando independentista se lamentan de todo lo contrario, es decir, de que el presidente socialista, a pesar de ofrecer un diálogo sin cortapisas, haya decidido presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional del nuevo órdago que supone volver a aprobar en el Parlament una moción de la CUP que ratifica los “objetivos políticos” de la resolución del 9-N de 2015 que iniciaba el proceso político hacia la secesión. Y ambos frentes obvian que desde el Gobierno de Sánchez nunca han dejado de incluir la coletilla de que todo se realizará bajo el paraguas constitucional, que, según han recordado, “no incluye la autodeterminación” ni referéndums.

Es de perogrullo que los diálogos no pueden establecerse con limitaciones. Las limitaciones y cesiones vendrán en todo caso a la hora de firmar acuerdos. ¿Cómo podría evitar Sánchez que Torra hable de independencia y autodeterminación? ¿Echándolo a la fuerza de la Moncloa si lo hace? ¿Tapándole la boca? ¿Levantándose y yéndose él? Evidentemente, Quim Torra podrá plantear todo aquello que le parezca conveniente, pero que Pedro Sánchez escuche no significa en modo alguno que asienta. Y precisamente por eso creo que este round, a la larga, lo ganará el presidente del Gobierno.

Tras una larga temporada en la que los independentistas ganaban el relato en la prensa internacional por goleada, comienzan a cambiar las tornas. Son diversos los motivos, y quizás el principal fue la salida de Puigdemont a Bélgica, algo que, unido al elevado número de bulos desenmascarados, hicieron que muchos medios comenzasen a restar credibilidad al independentismo. La llegada de Josep Borrell al Ministerio de Exteriores marca también un antes y un después en la batalla mediática internacional. Y la disposición del nuevo Gobierno socialista al diálogo, dan el toque final.

Así, la atención mediática a los políticos catalanes que esperan resoluciones de euroórdenes va en declive, Sánchez, “el chico nuevo” y “guapo” de moda en la prensa europea, les ha robado el protagonismo. El acercamiento de los presos del procés a prisiones catalanas resta fuerza al relato de la “España fascista” que el independentismo se ha empeñado en difundir. Y nos queda por ver el efecto que pueda tener en los tribunales belgas, alemanes y escoceses el cambio de Gobierno.

El problema está ahora en tejado independentista. Saben perfectamente que no habrá concesiones que violen en modo alguno la Constitución, saben que no hay camino de desobediencias que no lleve a la cárcel, pero también saben que no les conviene dejar caer a Sánchez del Gobierno central, y que sus votantes, altamente ilusionados y movilizados, no “perdonarán” fácilmente pasos atrás, y mucho menos la CUP, que finalmente sí puede dejarlos caer a ellos.

La postura Puigdemont ha ido perdiendo fuerza dentro del propio independentismo, ya que el protagonismo del expresident depende de que en Cataluña no se negocie una salida que pueda ser considerada autonomista. De hecho, ante algunos rumores que apuntan a que los políticos catalanes en prisión preventiva negocian con la Fiscalía una rebaja de condena, el abogado Gonzalo Boye, que forma parte del equipo legal del expresident y los exconsellers Toni Comín y Meritxell Serret, ha alertado, en una entrevista al portal digital Vilaweb, que “llegar a un acuerdo con la Fiscalía significa renunciar definitivamente, para siempre, a la independencia de Cataluña. O, mejor, al derecho de votar sobre la independencia de Cataluña”. Pero se le olvidó añadir que son sus defendidos quienes se quedarían con el culo al aire si esta negociación, que el abogado de Oriol Junqueras y Raul Romeva, Andreu Van den Eynde, ya ha desmentido, se produjera.

En definitiva, suponemos que en las ruedas de prensa posteriores al encuentro, ambos líderes se limitarán a felicitarse por haber iniciado un proceso de diálogo, y se emplazarán a una nueva reunión para después del verano.

Casado no tirará la toalla

Pero no quiero comenzar la semana sin analizar el terremoto político que ha desatado en el Partido Popular el resultado de la primera ronda de las primarias, en la que de forma algo sorprendente pasaron a la segunda vuelta Soraya Saenz de Santamaría y Pablo Casado.

La mayoría de los analistas coinciden en el peligro de que el partido de centro derecha (como ellos mismos insisten en denominarse) se abra en canal, por lo que no son pocas las voces, comenzando por la propia ex vicepresidenta, ganadora de esa primera vuelta, que insisten en una candidatura de unidad.

Saenz de Santamaría promete ser “muy generosa” si su contrincante se une para formar una candidatura única, pero Pablo Casado no está dispuesto a ceder, y anuncia una lucha sin cuartel para hacerse con la presidencia del partido. Así que todo está en manos de los más de 3.000 compromisarios que decidirán en el próximo congreso, los próximos 20 y 21 de julio. Y a pesar de que tanto María Dolores de Cospedal como Margallo se han posicionado al lado de Casado, como bien recordó el coordinador general del partido, Fernando Martínez-Maíllo, “en política uno más uno no siempre son dos”.

La disyuntiva real está en decidir si los compromisarios optarán por elegir a quien los mantendrá en sus puestos de cara a las próximas municipales y autonómicas, o a quien promete dar la vuelta al partido, con una renovación que más parece un retorno a los orígenes.

Y ese retorno a los orígenes quizás a quien más pueda preocupar sea a Ciudadanos, que en cierta forma se había “apoderado” de algunos de esos principios que el marianismo abandonó en el camino. La unidad de España defendida a ultranza, el liberalismo y los principios católicos (esto último fuera de la batalla ideológica de Rivera) son la bandera de Casado; una bandera con la que pretende recuperar los tres millones de votos perdidos (si nos remitimos a cifras que van entre la primera legislatura de Mariano Rajoy y la segunda).

Pero Soraya pone su vista en las generales, y se considera a sí misma una adversaria más fuerte para enfrentarse a un Pedro Sánchez de momento muy fortalecido por las encuestas.

Por ahora la pelea está servida y veremos por quién se irán decantando los compromisarios, que a su vez imaginamos dependerán, y mucho, de los lineamientos que dicten los líderes autonómicos. Pero como ya dijo Núñez Feijóo, puede que la sangre no llegue al río, pues la unidad puede lograrse antes, durante o inmediatamente después del congreso.

Política del espectáculo: la incógnita de las primarias del PP

Aunque el marketing político y la política espectáculo surgen el Estados Unidos en los años cincuenta, cuando la publicidad electoral se transformó en la venta de un producto (el candidato) y no de una ideología o un programa, no cabe duda de que ha ido cogido auge a nivel mundial a lo largo de los años, hasta llegar a peligrosos escenarios que pueden incluso afectar la democracia.

El auge del valor de la imagen, de lo audiovisual, en este siglo XXI, en donde los programas de entretenimiento y las redes sociales lideran el uso del tiempo de ocio, y no ocio, de los ciudadanos, ha traído como consecuencia que se difuminen las fronteras entre la política y el espectáculo. Es decir, surge los llamados politainments, programas de contenido supuestamente político, pero con formato de entretenimiento y espectáculo. Y en esta misma línea, también se ha difuminado la línea que divide la vida privada y la pública de nuestros políticos, porque con la excusa de que eso acerca la política al ciudadano común, lo cierto es que se acerca peligrosamente a la denostada prensa rosa. Es decir, los políticos se trasforman en actores en un escenario en el que los electores son su público. Y esta supuesta “desnudez”, esa sobreexposición mediática, produce una falsa sensación de trasparencia, y digo falsa porque las decisiones verdaderamente importantes siguen tomándose en despachos y en secreto.

Esta reflexión sobre la poliament, o política de entretenimiento, me ha surgido mientras me disponía a escribir un post sobre las primarias del Partido Popular, y al encender la televisión me encuentro con un despliegue informativo más propio de unas elecciones generales. Pero no es de extrañar, porque los medios de comunicación y las redes sociales han logrado que la política venda. Y muchos políticos, muy aficionados a apariciones en los medios de comunicación, porque sin duda esta exposición da visibilidad, y la visibilidad da votos, son los colaboradores necesarios para que el espectáculo esté servido.

Volviendo al despliegue informativo, me pregunto para qué. En estas primarias nadie tiene ni idea de lo que va a pasar, no hay encuestas israelitas a pie de urna, los sondeos previas fueron imposibles de realizar por la particularidad del voto (es imposible saber quiénes son esos 66.000 que se inscribieron para votar) y la mayoría de los pesos pesados del PP se han negado a pronunciarse, así que durante casi cinco horas los tertulianos se han limitado a expresar una y otra vez lo que todos sabemos: que la contienda está entre Cospedal, Soraya y Casado. Con lo que la única sorpresa sería que ganase el simpático Joserra.

El Poliament toma Europa

Pero ¿por qué esta política del espectáculo, muy americana, ha llegado a Europa con fuerza en los últimos tiempos?

Sin duda alguna, la crisis económica que ha asolado a Europa en la última década originó una desafección hacia la política de los partidos que tradicionalmente accedían a los gobiernos, lo que fue el caldo de cultivo para la aparición de nuevas formaciones populistas (de derechas y de izquierdas), antisistema y antieuropeístas. Y fueron precisamente estos nuevos líderes quienes comenzaron a copar las portadas de los diarios y revistas y a llenar los platós de televisión, ofreciendo un cambio de rumbo que muchos ciudadanos, angustiados tras perder el empleo, sus casas y sus expectativas, compraron.

Una de sus principales características comunes, fue simplificar las cuestiones políticas complejas, ofreciendo soluciones sencillas (aunque no siempre viables), enfrentándose a muchas de las duras decisiones adoptadas por la Unión Europea, y brindando lo más importante, esperanza. Muchos de estos nuevos partidos lograron llevar hasta sus filas amillones de votantes, más que por la ideología proclamada (que en ocasiones es incluso bastante oculta), por razones emocionales, que poco tienen que ver con la realidad de lo posible. Y lamentablemente algunas incluso han llegado al Gobierno, como es el caso de Italia, en donde comprobamos con estupor cómo gobierna un partido de ultraderecha xenófoba con la Liga Norte, de la mano de un supuesto partido de izquierdas como Cinque Estelle. Los primeros resultados son sin duda aterradores.

Pero los partidos tradicionales no se han quedado atrás, y también participan en el nuevo show con entusiasmo. Claro ejemplo de ello son precisamente estas mediáticas primarias.

El papel de las redes sociales

Además de los medios audiovisuales, el furor de las redes sociales ha sido también decisivo en este cambio. Los ciudadanos del siglo XXI vivimos conectados a Internet las 24 horas del día, los 365 días del año, y esta conexión nos permite acceder solo a lo que nos gusta, a un mundo virtual en donde nuestros seguidores siempre nos dan la razón, y a los que piensan diferente tenemos la opción de ignorarlos, insultarlos o bloquearlos. No hay cabida para ninguna discusión profunda sobre política, hay que pronunciarse sin gamas de grises, o estás conmigo o contra mí. Y esto ha contribuido de forma dramática a vaciar de contenido la política, a fulminar el sano intercambio ideológico.

Pero también ha originado cosas mucho peores, y que afortunadamente muchas voces lúcidas están comenzando a denunciar: pretendiendo defender a ultranza la libertad de expresión, les hemos dado vía libra a aquellos cuyo fin es precisamente controlarnos. Solo basta lanzar una noticia falsa para que todos piquemos sin molestarnos en confirmar su veracidad, solo hay que publicar un hastag y todos nos lanzamos como fieras a opinar, aunque no tengamos ni la más mínima idea, y con cada clic damos pie a que nos digan qué pensar, qué sentir y cuáles son nuestros gustos y preferencias. Porque el poder de las nuevas tecnologías dirige y modifica nuestras preferencias, mientras los ingenuos usuarios presumimos de ser libres.

Hay otros ejemplos del furor mediático que acerca tanto a los líderes políticos que nos impide distanciarnos a la hora de juzgar sus comportamientos relativos al bienestar común. Los defendemos o atacamos como si de nuestra familia se tratase, no permitimos que nadie pueda tener alguna crítica hacia ellos: las hordas tuiteras se encargarán de ponerte en tu sitio si te atreves. Pero si preguntas el porqué de esa defensa sin fisuras, las respuestas sin duda serán vaguedades.

Y esta defensa a ultranza de los “nuestros” lleva consigo un grave problema de democracia, pues el único poder real que tenemos los ciudadanos es castigar con nuestro voto los desaciertos o corruptelas de los representantes políticos, exigirles limpieza, coherencia y honestidad… pero si lo justificamos todo y culpamos a la prensa, sin detenernos a investigar si la noticia es cierta o no, estaremos votando sin criterio alguno. Estaremos, en definitiva, siendo cómplices de los desmanes de la clase política.

En fin, este post iba a ser sobre las primarias del PP, y cómo no tengo ni idea de cuál va a ser el resultado me he ido por los cerros de Úbeda. Aunque en el fondo confieso que el mayor morbo está en ver si sale triunfante Soraya o Cospedal, no en vano su supuesto enfrentamiento irreconciliable forma parte de esta política del espectáculo.

No, Pablo, tú no juegas, el balón es de Pedro

Pablo Iglesias es un doctor en Ciencias Políticas supuestamente especialista en Comunicación. Todos le han alabado en un momento u otro la habilidad mostrada a la hora de enfrentarse al reto de convencer con su mensaje a millones de votantes, de saber manejar a su antojo las cámaras, de ser un gran estratega de la comunicación política, pero me temo que, o antes había alguien detrás marcando muy de cerca su estrategia, o en cuanto huele ligeramente cerca el poder sus alabadas dotes comunicacionales comienzan a flaquear, y me inclino por esto último.

Ya metió la pata en enero de 2016 al apresurarse a dar una rueda de prensa pidiendo la Vicepresidencia y cinco ministerios mientras Pedro Sánchez estaba aún con el Rey solicitando que lo propusiera como candidato a la Presidencia ante el Parlamento.

Algunos pensamos que había aprendido de ese error táctico, pero su afán de protagonismo como estandarte de la izquierda española, que sin previo aviso le ha robado “el chico nuevo”, le hace perder el aplomo que requiere el juego político. Tanto, que lo llevan a presumir de funciones que nadie le ha encomendado.

Tras la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno, nuevamente pidió hasta el cansancio entrar en el Gobierno. Cuando finalmente se dio cuenta de que eso no iba a suceder, se autodenominó socio preferente de Pedro. Y desde hace una semana actúa como vicepresidente sin cartera, aprovechando quizás que Sánchez Castejón estaba centrado en afianzar su presencia en Europa.

Así las cosas, el líder de Podemos se fue a visitar a Quim Torra y le ofreció que hablaría con Sánchez sobre la posibilidad del derecho a decidir, otorgándose a sí mismo el título de intermediador entre Generalitat y Gobierno, y se pretendió colgar la medalla del acercamiento de los presos del procès a cárceles catalanas, pese a que el Gobierno ya había declarado tras el Consejo de Ministros, el 15 de junio, que estaba en ello, y el propio Sánchez lo ratificase en su entrevista en RTVE el 18 del mismo mes.

Desde el Ejecutivo aclararon que Iglesias no hablaba en modo alguno en nombre del Gobierno, pero esas menudencias no detienen al de Podemos, que, ni corto ni perezoso, al día siguiente se presentó en Soto del Real para visitar a Jordi Cuixart, y durante una intervención en el Congreso agradeció especialmente a Sánchez que le hubiese “facilitado” con la mediación del Ministerio del Interior poder ver al líder de Òmnium de una manera tan rápida. En este caso, y aunque sin entrar a desautorizarlo abiertamente, la vicesecretaria general del PSOE y portavoz de su grupo en el Congreso, Adriana Lastra, fue la encargada de asegurar que se había enterado por los medios de comunicación de la visita de Iglesias a los presos.

El sueño de “controlar” RTVE

Iglesias no se rinde, y ha llegado al colmo de “confesarle” a la periodista Ana Pardo de Vera, directora de Público, que Pedro Sánchez había dejado en sus manos el reparto de los nuevos cargos de RTVE (que recordemos deben ser electos en el Parlamento por consenso y mayoría absoluta), mientras le proponía el cargo de presidenta del ente público. Y así lo contó la propia periodista en su Twitter (un hilo que no tiene desperdicio), pues tras aceptar y borrar 22.000 tuits por si acaso, se enteró de que la propuesta de Iglesias no era tan firme como parecía. Es decir, que en el fondo no era cierto aquello de que tenía plácet para elegir los cargos, ya que en la misma red social Pardo de Vera asegura que Iglesias le comunicó poco después que había sido vetada por el PSOE, es decir, que no tenía el pleno poder de nombrar cargos a su antojo tal y como había presumido en un principio.

 

Pero ahí no queda la cosa, pues Iglesias, que por lo visto desconoce las virtudes de los oportunos silencios, no perdió tiempo en volver a aparecer ante las cámaras para anunciar cual portavoz gubernamental que finalmente el flamante presidente de RTVE sería el periodista de eldiario.es Andrés Gil (que también se apresuró a borrar 13.000 tuits). Olvidándose, una vez más, de que los cargos de RTVE deben ser electos por votación el lunes, y no a dedazo como él pretende sin pudor alguno. Y se llevó la sorpresa de que tanto trabajadores de RTVE como PNV y ERC se mostraron públicamente contrarios a dicha elección, que debería haber sido consensuada.

Sánchez ya se ha pronunciado, afirmando que no hay nada decidido (desautorizando por enésima vez a Iglesias) y que la elección del presidente de RTVE está abierta y depende de la negociación de los grupos parlamentarios. Otro globo sonda lanzado por Iglesias desinflado. Una nueva desilusión, esta vez para Andrés Gil, a quien seguramente también le había asegurado que la decisión era suya y solo suya.

Iglesias parece que entendió mal el acuerdo al que llegó con Sánchez, que era la opción de que fuese Podemos quien propusiese los nombres de los cargos provisionales para renovar RTVE y los negociase con el resto de los partidos que son imprescindibles para que dichos nombramientos salgan adelante. En ningún caso Sánchez pudo ofrecerle que nombrase a dedo a los cargos, ya que como todo el mundo sabe, deben ser ratificados en el Parlamento. Y eso llevó a que Ana Pardo de Vera, en una pataleta infantil y demostrando que ella tampoco tenía pudor alguno en ser nombrada a dedo, dejase al de Podemos con el culo al aire, pretendiendo lanzar un dardo envenenado contra el jefe de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo, por supuestas antiguas cuentas pendientes. Menudo chasco.

Y hablando de chascos, quizás otra que se quede compuesta y sin novio sea la periodista Rosa María Artal, a quien le ha ofrecido el puesto de consejera del ente público. El lunes veremos si ella corre con más suerte (por cierto, en este momento sus tuits no son públicos, solo se puede acceder a ellos si la periodista acepta que la sigas, aunque las capturas de tuits bastante desafortunados ya ruedan por la red).

¿Trasparencia o megalomanía?

Llegados aquí, me asalta una duda: ¿son filtraciones “inocentes” de Iglesias o son premeditadas traiciones a Sánchez? Aunque hace unos meses quizás me hubiera decantado por la “traición” como forma de seguir captando el voto de izquierdas, ahora estoy convencida de que son filtraciones torpes guiadas por una patológica necesidad de mostrar al mundo que tiene poder. Lo que algunas veces he confundido con ego desmedido, ahora me suena a complejos disimulados, que sospecho también lo habrán llevado a deshacerse de compañeros que intelectualmente sin duda le harían sombra. Cuánto daría por poder tener una sincera conversación con Carolina Bescansa para saber cuál es su verdadera opinión sobre Iglesias… y sobre la consulta a las bases de lo del chalet.

Y es por eso, por el temor a que sus inseguridades sean desveladas, necesita decirle a Torra, a la prensa y a sus votantes que tiene influencia sobre el presidente; necesita decirle a Cuixart que él se encargará de que regresen a casa; necesita decirle a Ana Pardo de Vera y Andrés Gil que es él y solo él quien decidirá la presidencia de RTVE… y es de tal magnitud esa necesidad, que ni siquiera cuenta con que sus megalomanías tienen corto recorrido, muy corto, pues en apenas 24 horas ya se sabe que ni Torra tendrá referéndum, ni los presos catalanes saldrán excepto que un juez dé la orden y Ana Pardo y Andrés Gil se han dado cuenta de que borraron sus miles de tuits para nada.

Mucho me temo que Sánchez no aguantará muchas más metidas de pata de Iglesias, que pueden acabar saliéndole caras. Es cierto que apenas tiene 84 diputados, pero por mucho que todos los partidos que votaron sí a la moción de censura amenacen a Sánchez con retirarle su apoyo, está claro que el Gobierno socialista dispone del mismo as bajo manga, es decir, puede igualmente “amenazar” con convocar elecciones, algo que solo pide Ciudadanos, y cada vez con la boca más pequeña. Recordemos que los sondeos, aunque ciertamente poco fiables en este momento, apuntan que el PSOE sería la primera fuerza política de celebrarse hoy las elecciones generales, incluso en Cataluña, en donde el PSC alcanzaría el primer lugar, con un 23,8% de los votos, ocho puntos más respecto a los pasados comicios, dejando a En Comú Podem en tercer lugar, con el 16,1%, lo que se traduce en la pérdida de los ocho puntos que los socialistas teóricamente recuperarían.

Lo cierto es que pocos votantes progresistas de izquierdas (e incluso independentistas) perdonarían que regrese el PP o ascienda a las alturas Ciudadanos porque por razones personalistas o partidistas se deje caer al Gobierno socialista. Así que de momento Sánchez continúa teniendo margen de maniobra.

¿Por qué el PP sigue defendiendo a brazo partido los vestigios del franquismo?

Sinceramente, es bastante incomprensible que el Partido Popular de hoy se empeñe en defender símbolos franquistas como si aún le fuera la vida en ello. Y que conste que estoy hablando de estrategia política, y no de ideas, que eso es harina de otro costal. ¿Qué estrategia de comunicación hay detrás de que diputados nacidos en democracia aleguen que no hay que remover el pasado a la hora de pronunciarse sobre los muertos en las cunetas, el Valle de los Caídos, las medallas de Willy el Niño, el Ducado de Franco, la Fundación Francisco Franco o el Pazo de Meirás? ¿Qué motivos pueden tener? ¿Qué réditos les da realmente esta postura?

Me niego a creer que los ocho millones de votantes del PP sean franquistas. Me niego incluso a creer que las nuevas generaciones de diputados y cargos populares apoyen al dictador. Y precisamente por eso me pregunto quién está detrás de esta incomprensible estrategia de comunicación, y hablo de estrategia de comunicación porque de eso trata este post, en el que procuraremos no entrar en las consideraciones éticas, humanitarias y democráticas.

Resulta, al margen de un montón de apelativos más que dejo a la imaginación del lector, bastante anacrónico que Pablo Casado, por ejemplo, que pretende vender renovación y juventud, se pronuncie en contra de exhumar los restos del dictador para que se convierta el Valle de los Caídos en un espacio de reconciliación.

Resulta como mínimo escabroso que lo último que hizo el ministro Catalá antes de entregar su cartera fuese firmar la herencia del Ducado de Franco, pasando la pelota al rey Felipe, a quien correspondería eliminar estas concesiones de títulos nobiliarios por parte de Franco, que, por cierto, ya es hora.

Resulta intolerable que la joven vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, Andrea Levy, ponga el grito en el cielo al saber las intenciones del nuevo Gobierno de tomar diversas medidas para cerrar heridas, resarcir a las víctimas del franquismo y trabajar en pro de una esperada y necesaria reconciliación.

¿Puede decirles alguien, por favor, que además de poco democrático les da una imagen casposa que no ayuda en nada a la cacareada renovación? ¿Puede decirles alguien que es hora de cambiar de estrategas y estrategias comunicacionales si quieren dar esa imagen moderna, progresista y democrática que pretenden?

Como muchas otras familias españolas, supongo, tengo antepasados franquistas y antepasados republicanos. Mi madre, asturiana y huérfana de guerra, al terminar sus estudios en el internado donde fue recogida desde niña, optó por emigrar, ante el gris futuro que ofrecía a una mujer sola la España de la posguerra. Mi abuela paterna, viuda de un guardia de asalto nacional, siguió el mismo camino con su joven hijo, mi padre, y curiosamente por los mismos motivos: las mujeres solas tenían muy pocas posibilidades de salir adelante, como finalmente pudieron hacer ambas en la gran Venezuela que las acogió.

Pues bien, mis padres finalmente se conocieron en un baile de Carnaval en Caracas, y en su amor no fue impedimento haber vivido la guerra en distintos bandos. Lo importante era esa nueva vida que iniciaban alejada del hambre y la guerra. Cuando tenía 17 años, por azar de la vida, estaba de vacaciones en España el día que se votó el referéndum de la Constitución, y recuerdo a mis primos mayores emocionados porque iban a votar, porque había llegado la democracia.

Quizás por eso tengo una idea diferente de la reconciliación nacional, la he vivido en mi casa desde que nací. Quizás por eso veo tan necesario eliminar todo vestigio dictatorial, como efectivamente ha sucedió en Alemania e Italia. Y aquí surge para mí el problema: mientras que Hitler y Mussolini fueron derrotados, Franco logró gobernar España durante 40 años con mano férrea, pero también complaciente con los incondicionales. Y esos incondicionales, poderosos económicamente y presentes durante décadas en algunos estamentos, amenazaron durante muchos años la democracia.

Pero llegó la hora. Y por ello me deja perpleja que los asesores de comunicación del PP no hayan cambiado la consigna. Es materialmente imposible una renovación democrática creíble si no condenan, si no se alejan de forma contundente de la historia más negra y cruenta de nuestro país.

Mientras esto no suceda, no podrán presumir de derecha moderna y democrática, como hacen con frecuencia. Permítanme que siga confiando en que en una gran medida esta postura es producto de consignas rancias del pasado, porque es una muy mala noticia que la derecha de cualquier país siga teniendo dejes de tiempos superados, o que al menos creemos superados.

Y aprovecho para sugerir a Ciudadanos que tomen nota.

Dos titanas, un edecán y Maquiavelo

Al PP le hablaron de democracia interna y se pasó de frenada, dejando atrás, muy atrás, el acariciado sueño de que se presentase un solo candidato que mostrase al mundo la unidad del partido. Mientras escribo estas líneas son seis los candidatos a presidir el partido, pero es muy posible que cuando me lean sean al menos siete, pues Íñigo de la Serna ha convocado a la prensa para hoy a las 11 de la mañana, y hay quien no descarta que la presidenta del Congreso, Ana Pastor, también dé un paso adelante para poner orden.

Pero por muy sorprendente que sea esta fiesta de candidatos, mucho más sorprendente aún es que entre tantos actores no haya ni un solo atisbo de renovación. Definitivamente en el PP no han entendido el mensaje: no se trataba solo de desalojar a Mariano Rajoy, se trataba de renovar, casi diría refundar, el partido, para alejar los fantasmas de la corrupción y modernizar ideas y postulados, algo imprescindible teniendo en cuenta que Ciudadanos los sigue de cerca y, según las últimas encuestas, el PSOE incluso los sobrepasa.

Después de que Núñez Feijóo dejase boquiabiertos a propios y extraños al anunciar que no iba a presentarse, se abrió la veda, y María Dolores de Cospedal y Sáenz de Santamaría no tardaron en recoger el guante. El presidente gallego alegó que su responsabilidad lo obligaba a permanecer el Galicia hasta agotar la legislatura, pero cuentan las malas lenguas que la realidad es que se lo pensó bien y decidió no coger la batuta de un partido que se ha transformado en una jaula de grillos y entrometerse, de paso, en los planes de la todopoderosa Soraya Sáenz de Santamaría, que no olvidemos, y sin querer insinuar nada, por supuesto, ha sido la jefa del CNI durante los últimos siete años.

Es indudable que el PP pronto tendrá una mujer a la cabeza, pues de lo que no hay ninguna duda es de que la contienda se decidirá entre ellas dos. Ambas, por cierto, provenientes del marianismo más profundo y enemigas íntimas, por ser sutil.

Tiempo tendremos de hablar de estas dos pesos pesados, porque hoy quisiera detenerme un poco en el resto de los candidatos, bueno, más bien en dos de ellos: Pablo Casado y José Manuel García Margallo.

En cuanto al joven Pablo Casado, que ya ha rechazado integrarse a la candidatura de Cospedal, no acabo de entender por qué se presenta, y menos aún como el “candidato de la renovación”, cuando ha tenido la habilidad de que el mismísimo Aznar lo alabase como sucesor, ser el niño mimado de Esperanza Aguirre y formar parte de la comité ejecutivo de Rajoy. Y digo que no lo entiendo pues además de correr el riesgo de frenar su vertiginosa carrera política al enfrentarse a sus “jefas”, está cantado que sus problemas judiciales con su sospechoso máster y su aún más sospechosa carrera universitaria lo pillarán en medio de estas curiosas primarias. Supongo que con el devenir de los días quizás pille alguna pista que explique su decisión.

Pero mi candidato predilecto en lo que análisis se refiere es José Manuel García Margallo, que de forma casi premonitoria lleva en campaña desde que la ex vicepesidenta lo desalojó de la lista de los ministrables hace tres años: no ha habido semana que no aparezca en dos o tres programas de televisión comentando la actualidad política.

Tras anunciar su candidatura, el democristiano no ha desaprovechado ni una sola oportunidad para asegurar que su fin primordial es detener a Soraya en su avance hacia el poder, añadiendo que está tan preparado para ser el próximo presidente del PP (y del Gobierno), que incluso posee un programa electoral basado en las cuatro “ces”, que, según él, fueron las debilidades del Gobierno de Rajoy que conllevaron el éxito de la moción de censura: corrupción, Cataluña, compensación social para los sectores más afectados por la crisis y capacidad para asumir un nuevo modelo económico modernizado.

En ese sentido se muestra partidario del diálogo en Cataluña y asegura que hay que enfrentar una nueva transición con cambios constitucionales. De hecho, ha llegado incluso a afirmar que tiene en el cajón un proyecto de reforma constitucional listo para ser presentado.

¿No os parece demasiado trabajo y empeño (se ha dedicado los últimos días a recorrer el país buscando aliados) para que el único fin de Margallo sea intentar tocarle las narices a su acérrima enemiga Soraya, a la que ha calificado como la Godoy de la actual política española por el poder que concentra? A mí, sí. Y hace un par de días, mientras escuchaba con atención una de sus agudas intervenciones televisivas, se me cruzó por la cabeza, y llamadme loca, que quizás, si finalmente es Soraya quien se hace con las riendas del partido, el exministro de Exteriores tenga en mente protagonizar una escisión del PP contando con el ala democristiana del partido. Al menos a eso empezaron a sonarme sus palabras, que quizás no pasen de ser un aviso a navegantes o producto de mi imaginación.

El caso es que parece ser que Ana Pastor es una de sus aliadas en la causa antisoyarista, y tal vez por eso algunos apuestan porque sea ella quien lo haga entrar en razón.

Tiempo al tiempo.