¿Se planta verdaderamente Sánchez? ¿Lo hará también Rivera?

Los partidos políticos españoles están permitiendo que sean VOX y los independentistas quienes marquen la agenda política del país, es decir, que sean los populismos quienes lleven la voz cantante. Asunto muy peligroso que puede ser difícil de revertir, por lo que deberían ponerse manos a la obra.

Los independentistas, que en cierto modo viven horas bajas, al menos en lo que a ERC se refiere, pues son cotidianamente ninguneados, en el fondo confían en que Sánchez les haga “el favor” de que la semana que viene Guardia Civil y Policía Nacional carguen en Cataluña para volver a tener un enemigo común externo contra el que luchar, pero sería un error mayúsculo por parte del Gobierno socialista hacerlo. De momento el mando estará en manos de los Mossos, quienes han solicitado la “ayuda” de mil funcionarios policiales del Estado, ya que hay un gran número de bajas laborales entre ellos, bajas denominadas irónicamente “gripe azul” y achacadas a la ideología independentista de dichos funcionarios policiales. Aunque en este sentido también hay que añadir que la mayoría de los policías catalanes ya han advertido a través de sus representantes sindicales que se niegan a ser utilizados políticamente y que cumplirán con su trabajo a rajatabla.

Por eso creo que lo mejor que puede hacer Sánchez es mostrar firmeza (y complacer a sus barones), pero sin hiperventilar. Ya lanzó el órdago de celebrar sí o sí el Consejo de Ministros en Barcelona (dando un golpe sobre la mesa que significa que “Cataluña es España”), y ahora debe esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

De momento, diversos grupos independentistas están organizando manifestaciones y protestas, y no cabe duda de que serán masivas; y mientras los líderes de ERC y de una parte del PdeCat han pedido que no haya encapuchados ni violencia, Puigdemont y su alterego Quim Torra siguen echando leña al fuego al señalar que la celebración de ese Consejo de Ministros es una “provocación”, a pesar de que la decisión haya sido tomada en verano, y con el beneplácito de Torra, porque formaba parte de ese diálogo que nadie sabe en qué ha quedado.

Los disturbios no le vienen nada bien al independentismo en general, pues ese “prestigio” que en algún momento alcanzaron entre la prensa internacional se iría definitivamente al garete. Pero sí le viene bien a la parte del independentismo cuya supervivencia depende de que no baje la inflamación. Y en este sentido, lo más destacable es que uno de los graves problemas que tienen los partidos independentistas tradicionales en este momento es que han perdido el control de la calle, por lo que lo que digan unos y otros caerá posiblemente en saco roto. Aunque parezca extraño, las calles están en cierto modo en manos de Torra, cuyo fin es sin duda llevar las instituciones catalanas actuales a la nada.

Curiosamente, VOX, que también pesca en río revuelto, cruza los dedos para que se arme la mundial y con ello justificar su petición de exterminio de las autonomías para poner orden.

No olvidemos que para los populismos hay una máxima indiscutible: cuanto peor, mejor.

Así las cosas, ha llegado la hora de que las diferencias entre los partidos independentistas se hagan patentes, de modo que comiencen a intentar “arreglar” el desaguisado que ellos mismos han causado. De ello también depende la pervivencia de ERC.

De momento, Sánchez se sigue manejando entre la firmeza que declaró en el Parlamento y la mano tendida al diálogo, pero nos tememos que de no haber una respuesta rápida por parte independentista, tendrá que hacer caso a sus barones y tomar medidas contundentes frente al cachondeo independentista antes de las elecciones de mayo. En esta dirección va sin duda la carta que la vicepresidenta Carmen Calvo envió al vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragones, pidiéndole colaboración para la seguridad el viernes 21 y sugiriendo la conveniencia de un encuentro entre Quim Torra y Pedro Sánchez. Torra ya ha dicho que solo hablará de referéndum e independencia, pero en el fondo da lo mismo, porque otro grave problema que tiene Cataluña es que no tiene cabeza política, pues Quim Torra ni está ni se le espera, no es más que un actor de reparto que finge ser protagonista, y cuyo papel es liderar el caos.

¡Cómo está el patio…!

Está claro que han sido los resultados en las elecciones andaluzas los que han disparado todas las alarmas, y Quim Torra le pone día sí, día también, la guinda al pastel. Guinda que tiene a los barones socialistas con los pelos de punta, pues están convencidos de que la subida de VOX y la abstención en Andalucía están clara y directamente relacionadas con la tibieza que ha mostrado Sánchez frente a las arengas independentistas. Motivo por el que “exigen” a Sánchez un cambio de rumbo ante las próximas elecciones municipales y autonómicas, habida cuenta de que, además, los independentistas no parecieran estar en la mejor disposición de dialogar para suavizar el conflicto, sino todo lo contrario.

Así que, entre la espada y la pared y harto ya de las salidas de tono “infantiloides e irresponsables” de Torra (después de que la Generalitat ordenase a los Mossos d’Esquadra no actuar contra los CDR el pasado fin de semana cuando durante 15 horas cortaron la AP-7), el presidente del Gobierno salió a la palestra parlamentaria para endurecer su discurso frente al independentismo, aunque, de momento, sin quemar del todo los puentes de diálogo. Puentes que pueden acabar tocados y hundidos si la semana que viene, con el inicio del juicio a los políticos catalanes y la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, la cosa se calienta de tal forma que da motivos para la puesta en marcha del 155.

Pero también aprovechó Sánchez su intervención en el Parlamento para dar un aviso a navegantes a Ciudadanos, recordándole que Europa no ve con buenos ojos que se pacte con la ultraderecha, y añadiendo que el partido naranja ha “apoyado” indirectamente su Gobierno al votar afirmativamente muchas de sus propuestas. ¿Un guiño quizás?

Tenemos pues que los independentistas están que fuman en pipa, ya que Sánchez está comenzando a desactivar su continuo chantaje con los Presupuestos sobre la mesa, es decir, el presidente del Gobierno les ha hecho una advertencia: está dispuesto a ir todo lo lejos que sea necesario, poniendo en el tejado independentista la pelota de decidir si quieren o no un nuevo 155.

Pretender un diálogo con los independentistas le ha salido como el rosario de la aurora a Sánchez (ya ha reconocido Borrell que la estrategia del Ibuprofeno no ha servido de nada), fundamentalmente porque los independentistas jamás han estado dispuestos a negociar nada, al menos el ala dura del independentismo, que paradójicamente tiene a Puigdemont y Torra a la cabeza (el mundo al revés), nunca tuvo entre sus planes negociar. Por eso Sánchez se empeña ahora en que se evidencie que son los independentistas y no el Gobierno central quienes se niegan a sentarse a hablar: ¿hará algo ERC al respecto?

Veremos si este cambio de rumbo socialista los hace entrar en razón o se lanzan definitivamente al monte, olvidando que quienes están en la cárcel no son precisamente quienes calientan el ambiente. Se ve que en Waterloo se debe estar muy cómodo.

Por otra parte, por muy eufórico que se muestre el PP de Casado, lo cierto es que sabe que su partido no cesa de hacer transfusiones a VOX y a Ciudadanos, y no tienen muy claro cómo detener esa sangría en las próximas citas electorales. Es evidente que si envían el mensaje a los ciudadanos de que VOX mola, de que su ideología es la correcta para el momento actual, corren un serio riesgo de que algunos de sus potenciales votantes elijan darle una oportunidad a los de Abascal; mientras que los más moderados, que no ven en las opciones extremistas la mejor salida, quizás decidan votar a Ciudadanos.

Ni siquiera Podemos permanece indemne al terremoto andaluz, y prueba de ello es que, tras los descorazonadores resultados, Pablo Iglesias comienza a despegarse del discurso independentista con cierto disimulo… y así lo ha entendido el mismísimo Joan Tardá, que se lo reprochó sin ambages en el Parlamento el pasado jueves. En esta misma dirección también cabe destacar el cambio de postura que admitió Iglesias sobre Venezuela en el Senado, asegurando que “la situación política y económica” en el país caribeño es “nefasta”, desdiciéndose de su antigua opinión de que la venezolana era una “democracia envidiable”. Y lo destaco porque creo recordar que en mi último post señalé que Podemos comenzaba a recular en aquellos puntos que parecían restarle votos, y a mi juicio, sus coqueteos con el independentismo y con Maduro son los principales escollos, no olvidemos que el próximo 10 de enero Nicolás Maduro pasará a ser considerado presidente ilegítimo por EEUU, la ONU, la OEA, Canadá, la Unión Europea y la mayor parte de los países occidentales, incluyendo muy posiblemente al Gobierno español, por lo que Venezuela regresará a las portadas.

Pero, qué pasa con Ciudadanos. Es evidente que su postura frente al independentismo le otorga un apoyo de los votantes que no deja ninguna duda. Ya lo consiguieron en su momento en las elecciones catalanas y en las andaluzas se ha reafirmado. Pero, como explicamos anteriormente, querer gobernar a toda costa en Andalucía puede convertirse en una amarga victoria.

La ¿solución? andaluza

El pacto de Gobierno PP-Ciudadanos en Andalucía está teóricamente cerrado, y por mucho que pretendan hacer creer que VOX no pedirá nada a cambio por su apoyo, Santiago Abascal indica lo contrario. Es una utopía pensar que no haya prebendas a la hora de configurar las políticas que se llevarán a cabo, y de ello precisamente llevan acusando a Sánchez durante los últimos seis meses respecto al voto independentista que lo llevó a Moncloa.

Y esto, como ya explicamos en el último post (¿Le merece la pena a Ciudadanos pactar con Vox?), le puede traer algunas consecuencias negativas al partido de Albert Rivera, comenzando con el acuerdo de apoyo de la candidatura de Manuel Valls a la Alcaldía de Barcelona, pues el exministro del Interior francés ya ha declarado que no quiere saber nada de quienes pacten con la ultraderecha.

El pasado domingo por la noche, Juan Marín aseguraba en El Objetivo que solo aceptarían la Presidencia, y con la abstención del PSOE, no con el apoyo de VOX. Pero eso parece haber ido variando a lo largo de esta semana, en la que se han comenzado a producir los encuentros entre Ciudadanos y PP para preparar un posible pacto de cogobierno, a pesar de que Susana Díaz ya ha advertido que, evidentemente, no piensa abstenerse para llevar a PP y Ciudadanos a gobernar.

En todo caso, en Ciudadanos no las tienen todas consigo, y así lo declaran cada vez que tienen oportunidad. Pues además de lo poco políticamente correcto que es pactar con VOX, también temen que los juicios pendientes sobre la corrupción de los populares les estallen en las manos. Precisamente hoy supimos por Marín que Ciudadanos y PP habían llegado a un pacto de caballeros de que mientras ellos estuviesen negociando, ninguno debería reunirse paralelamente con otro partido.

Pues mira tú por dónde que han pillado a Juanma Moreno “tomando un café” con el número uno de VOX por Sevilla, Francisco Serrano, algo que no ha sentado nada bien entre los naranja, que desconocían tal cita.

Doy por hecho que los de Albert Rivera han analizado concienzudamente las consecuencias de tal pacto, tanto en lo que a pactar con la ultraderecha se refiere como en lo tocante a correr el riesgo de diluirse entre un emergente VOX claramente antiindependentista y un PP con nuevo liderazgo. Modestamente opino que marcar distancias resultaría más rentable políticamente para ellos, lo que quizás abocaría a unas nuevas elecciones, pero quién soy yo…

El atolladero catalán

Detengámonos un día más un momento en el asunto catalán, pues como es sabido no es oro todo lo que reluce. ERC y parte del PdeCat también están hasta el moño de los torpedos que lanza Quim Torra por encargo de Puigdemont, pero ellos tampoco saben cómo enfrentar esta grave situación sin que los ciudadanos les arranquen, metafóricamente, claro, la cabeza. Arrimarse a los postulados populistas por conveniencia, pasa facturas muy caras.

Acotando que Ciudadanos, PP y VOX también lanzan buena madera para que arda la hoguera al pedir el 155 día y noche y subiendo la temperatura con declaraciones catastrofistas y muy poco realistas, algo de lo que he escrito en muchas oportunidades y que considero un error estratégico, en esta ocasión quiero detenerme en la impagable labor que lleva a cabo el ¿president? Torra para mantener el conflicto en una Cataluña que ya muestra su hartazgo por la falta de Govern (manifestaciones de médicos, enfermeras, Mossos, funcionarios públicos… así lo indican).

Hagamos pues un recuento de las últimas ocurrencias de Torra (Puigdemont) que tienen a propios y extraños de cabeza. La consigna actual es que la celebración del Consejo de Ministros es una “provocación”, desmarcándose de ERC y parte del PdeCat (que han admitido el derecho del Gobierno a celebrarlo), volviendo con ello a levantar los ánimos de los CDR y otros colectivos, que ya amenazan con paralizar toda Barcelona con movilizaciones.

Y como remate se niega reunirse con Sánchez si no es para hablar de referéndum. Es decir, leña al fuego.

Pero ya se llenó de gloria la semana pasada al apoyar a los CDR (recordemos que fue él mismo quien los animó a “apretar”) mientras condenaba las actuaciones de los Mossos durante las manifestaciones del Día de la Constitución, llegando a amenazar con la “dimisión” del consejero de Interior de la Generalitat, Miquel Buch, si no descabezaba la cúpula policial. Buch corrió a criticar a los Mossos, atreviéndose a acusarlos de llevar a cabo acciones no democráticas. Aunque esas aguas acabaron calmándose cuando Torra y Buch recularon, previo aviso del principal sindicato de la policía catalana de tomar acciones serias si se recurría a las represalias por parte del Govern cuando simplemente se dedican a hacer su trabajo.

Apenas un día después, justo antes de sumarse al apoyo de la huelga de hambre de algunos de los políticos catalanes presos con un ayuno en el Monasterio de Monstserrat (no olvidemos en este punto que Junqueras no se unió a la huelga de hambre), se lució pidiendo una salida a la eslovena, obviando, por supuesto, los más de 60 muertos que ocasionó la declaración unilateral de independencia en Eslovenia, y la terrible guerra que se desató poco después en los Balcanes. También de esto intenta recular, asegurando que se han manipulado sus palabras, pues, según afirmó, cuando él piensa en Eslovenia solo se refiere al referéndum que realizaron antes de que las cosas acabasen como acabaron. En fin.

Y para rematarla, y esto fue precisamente lo que colmó el vaso del presidente Sánchez, recordemos que la Generalitat ordenó a los Mossos d’Esquadra quedarse impasibles mientras los CDR cortaban la AP-7 durante 15 horas el pasado fin de semana.

El caso es que el juicio de los políticos catalanes imputados está a punto de comenzar, y me pregunto cómo pretenden calmar las calles los líderes independentistas ( excluyendo a Torra, que las quiere ardiendo) después de haber sido ellos quienes han encendido la mecha y además desautorizado las actuaciones policiales de los Mossos. Algunos estarán, como ya comenté, poniendo velas para que Sánchez cometa el mismo error que Rajoy y mande cargar a Guardia Civil y Policía Nacional, pero, como expliqué al principio, sería eso, un grave error que no haría más que dar oxígeno a unos líderes que de momento se muestran muy desconcertados: ¿se tiran al monte y van a la cárcel o reculan abiertamente y se arriesgan al linchamiento político de sus votantes? Un dilema que deberían resolver ellos solos… y pronto.

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¿Le merece la pena a Ciudadanos pactar con Vox?

Cuando los políticos no saben qué hacer (o no se atreven a hacerlo) recurren invariablemente al relato construido a medida y obviando la verdad. Pelean en la palestra pública para intentar imponer su relato. Y lamentablemente vivimos tiempos plagados de muchos relatos y pocas verdades. Vivimos tiempos carentes de políticos valientes y con altura de miras, y nos hemos cansado.

Cuando los ciudadanos nos sentimos defraudados por nuestros políticos tras más de 10 años de crisis interminable, cuando no vemos salidas, cuando nos hartamos de promesas vacías, se crea un caldo de cultivo idóneo para el surgimiento de los populismos. Abandonamos las decisiones racionales, compramos el relato político empleando las vísceras, nos mostramos dispuestos a creer a gurús que proponen soluciones fáciles y descabelladas a problemas difíciles, y encantados por apostar por lo que parece ser una salida, o al menos un castigo para quienes se han encargado de desilusionarnos y llevarnos a la desesperación.

Las decisiones viscerales explican la explosión delirante de ultranacionalismos en Cataluña y el resto de España; el endiosamiento de un Puigdemont que huyó cobardemente y que se reúne sin pudor con los ultranacionalistas europeos, los amigos de Vox en la escena política, que se apresuraron a felicitarse por su ascenso (entre ellos el presidente del partido nacionalista flamenco, Bart De Wever), por la subida desorbitada del voto de ultraderecha.

Y la mezcla de esa explosión visceral originada por el desencanto explicaría los resultados electorales de las elecciones andaluzas, que nos han dejado perplejos a todos, y cuando digo todos incluyo a todos, pero fundamentalmente al PSOE, a la coalición de Unidos Podemos y al propio Vox, pues nadie imaginó ni predijo la debacle de Susana Díaz, y ni por asomo se pensaba que Vox alcanzase los 12 diputados. Pero la verdad es que si nos hubiésemos fijado un poco mejor en el resto de los países europeos, deberíamos haber imaginado que no íbamos a ser una excepción en eso del auge de una extrema derecha que se manifiesta claramente en contra de la inmigración, y que en nuestro caso se crece más aun frente al órdago independentista catalán, que no cesa y rebosó el vaso.

Por otra parte, y de forma completamente incomprensible, se recurre una vez más al mensaje populista (que inexorablemente se saca de la manga un enemigo externo culpable de todos nuestros males) para intentar suavizar las derrotas. La falta de autocrítica de la izquierda es patética. A Unidos Podemos estos resultados los ha cogido con el paso cambiado. Y en vez de admitir que en esta crisis la izquierda no ha sabido tomar las decisiones adecuadas ni convencer con sus postulados (y aquí quiero acotar que aunque no acaben de creérselo, ser más que tibio a la hora de coquetear con el independentismo y negarse en redondo a condenar una tiranía en Venezuela que ya no pasa desapercibida, también les ha restado votos), se dedican a culpar a los demás: Alberto Garzón envía una carta a sus simpatizantes en la que prácticamente echa la culpa a los ciudadanos que no han sabido votar, mientras que Pablo Echenique se aferra a la manida teoría del IBEX 35. De mea culpa, nada de nada.

En cuanto al PSOE, a pesar de que tampoco hace ni suficiente ni correcta autocrítica, y que ha perdido la hegemonía andaluza (la única que le quedaba), le ha visto las orejas al lobo, aunque con Sánchez en el Gobierno todavía tiene cierta capacidad de maniobra. Habrá que esperar a ver cómo utiliza sus armas.

No puedo dejar de opinar sobre la estrategia del PP, a mi juicio la más delirante de todas, quizás porque Casado sigue a pie juntillas las órdenes de Aznar, que en su desmedido egocentrismo pasa por alto que los tiempos han cambiado. La consigna no solo es pactar con Vox, sino que le ofrece cogobernar. Según lo veo yo, será a la larga su tumba política, pues parecen olvidar que Europa en masa ha decidido crear un cordón sanitario contra la ultraderecha. Tiempo al tiempo.

Se abren las apuestas

Y hablando de Europa, llegamos a Ciudadanos, que es realmente de quien quería hablar.

Está claro que Ciudadanos sacó buen rédito de plantar cara al independentismo, pero sin duda Vox le metió una buena dentellada a ese pastel, que en principio debería haber sido completo para los naranja. ¿Qué deben hacer entonces los de Albert Rivera ante los resultados andaluces?

Modestamente creo que aliarse con PP y Vox para que Juanma Moreno sea presidente no pareciera una buena solución, ya que quedaría atrapado, y desdibujado, entre PP y Vox, algo nada conveniente. Además de que, como ya hemos explicado, ser identificado con la ultraderecha traería consecuencias en Europa.

Se abren pues las apuestas. Y la mía pasa por un hasta ahora extraño escenario: un pacto (¿cogobierno?) que lleve a Ciudadanos a San Telmo con el voto afirmativo del PSOE y la abstención de Adelante Andalucía, como forma de detener un gobierno en el que Vox lleve la voz cantante.

Creo que es una excelente oportunidad para que Ciudadanos coja la batuta del centro-derecha que el PP ha abandonado inexplicablemente, porque a pesar de que las cosas están bastante convulsas, a la hora de la verdad es en el centro donde se gana finalmente el partido.

Si Ciudadanos pacta con PP y Vox, corre un serio riesgo de terminar siendo fagocitado por la derecha. ¿Pero cómo justificar su alianza con los socialistas? Pues el líder de ALDE, la alianza de partidos liberales en el Parlamento Europeo (a la que pertenece Ciudadanos y que no olvidemos hace poco más de un mes le hicieron el “favor” de expulsar al PdeCat de sus filas), Guy Verhofstadt, le ha indicado el camino a seguir: con la ultraderecha ni a misa. La misma postura que ha mostrado Manuel Valls, que no tardó en declarar que Ciudadanos debe formar junto a la socialdemocracia un cinturón sanitario contra la extrema derecha.

Así las cosas, para los de Albert Rivera no es una buena idea pactar con un partido antieuropeísta, cercano a los ultranacionalismos en Europa, xenófobo, homófobo, racista (el Ku Kux Klan les declara su admiración sin tapujos), machista y con propuestas anticonstitucionales; además, y aunque parezca descabellado, puede cambiar el cromo del apoyo a los Presupuestos de Sánchez para que los independentistas salgan de escena y dejen de tener la posibilidad de injerir en el Gobierno central, lo que podrían vender como un gran éxito.

¿Y cómo lo defendería el PSOE? Pues solo le queda recurrir a jugarse la carta anti-Vox, aunque de paso se quitaría efectivamente la presión independentista. Es cierto que con ello se corre un serio riesgo de que en las generales los votantes giren hacia Ciudadanos, pero para ser sinceros, ese riesgo ya está en el tapete se tome la decisión que se tome.

Aún queda convencer a Unidos Podemos (Adelante Andalucía) de que se abstenga en Andalucía (si no, no dan los números) y “permita” el apoyo de Ciudadanos en Moncloa, pero tal vez sería más difícil explicarle a sus votantes que, con su voto en contra, una vez más permitirían gobernar a la derecha, a la ultraderecha en esta ocasión.

Sea como sea, los resultados de las próximas citas electorales no van a ser tan evidentes como querían hacernos ver. Pero la rapidez de encontrar una solución de gobernabilidad en Andalucía puede ser determinante, no conviene a apenas cinco meses de las próximas citas electorales tener a Vox y el PP en el candelero de la propaganda perpetua, mientras los demás no son capaces de ponerse de acuerdo para combatir su influencia. No haría más que mostrar una enorme debilidad.

No cabe ninguna duda de que la izquierda debe hacer un durísimo trabajo de autocrítica si no quiere desaparecer del tablero de la gobernancia, como ya ha pasado en otros países europeos. Y dentro de este trabajo de autocrítica, las posturas que se adopten frente al independentismo deben jugar un papel principal.

En cuanto a la derecha, aunque pareciera ir en góndola, depender de la ultraderecha jamás ha sido una buena opción… no hay nada más que mirar a nuestro alrededor.

Compremos palomitas, pues aunque el sentido común de la comunicación y la estrategia políticas recomienda un pacto rápido, mucho me temo que el sentido común no estará muy presente en estas negociaciones.

@SoniaCaracasMad

La imbecilidad de creerse impune y la crispación opositora

No deja de sorprenderme que con la que está cayendo al senador popular Coisidó, otrora director general de la Policía, se le ocurra enviar unos wasaps a 146 compañeros en los que presumen de que el PP controlararía el Tribunal Supremo. Y no se me ocurre otra explicación que parece ser habitual que cuando llevas muchos años en la política haciendo y deshaciendo a tu antojo te vuelves tan imbécil que llegas de verdad a creer que estás por encima del bien y del mal. Tan imbécil que llegas a pensar que ese wasap no va a trascender, después de comprobar que comunicaciones muchísimo más privadas que los 146 que recibieron el mensaje, como por ejemplo el wasap de Rajoy a Bárcenas o el de la de ahora reina Letizia a su compiyogui López Madrid, vieran la luz.

Esa imbecilidad te lleva hasta a hacer declaraciones públicas obviando el detalle y pidiendo la dimisión de la ministra de Justicia por haber filtrado el nombre de Marchena como futuro presidente del CGPJ, incluso después de que el propio Marchena hubiese renunciado a ser elegido presidente precisamente porque el mensaje de Coisidó ponía en duda su independencia como juez y la independencia de los órganos judiciales como institución.

La reacción en tromba del PP no ha sido otra que romper el pacto para la renovación del CGPJ y salir en defensa del senador Coisidó, con ovación de los senadores incluida (también, por cierto, del o los judas que filtraron el tristemente famoso wasap). De forma también bastante imbécil, Coisidó saca pecho, olvidando que esas ovaciones suelen ser la crónica de una muerte anunciada. Es decir, comienza la cuenta atrás de la decapitación política del ex director general de la Policía. Tiempo al tiempo.

Casi todos han metido la pata una vez más en este pacto de renovación judicial, pues una vez más se pretendió hacer en los despachos de los partidos, pese a que tanto PP como PSOE y no digamos Podemos (que también celebró y participó en este apaño) han declarado por activa y por pasiva que deben ser los propios jueces, y no los partidos políticos, quienes elijan a sus órganos de gobierno. Y digo casi todos porque hay que ser justos a la hora de señalar que Ciudadanos se negó en redondo a participar en el acuerdo.

En todo caso, este último capítulo en la suma de barbaridades que manchan el buen nombre de la Justicia española es muy posible que desemboque en que de una vez por todas se cambie el procedimiento de la elección de los jueces del Supremo. Confiemos en que así sea.

De momento esta polémica ha quedado en segundo plano político, porque el gallinero en que se ha convertido el Parlamento y las elecciones andaluzas le han robado todo el protagonismo.

Escupitajos y otras lindezas: ¿elecciones anticipadas?

Y hablando de las impresentables disputas parlamentarias, y más allá de que Rufián cobre por montar performances en el Congreso y que el escupitajo a Borrell haya sido un gesto de bufido malinterpretado o no, me temo que mucho tiene que ver el hecho de que ERC pretende presionar a los socialistas con amenazas de no aprobar los PGE sino se toman medidas para liberar a los presos del procés, sabiendo, como saben, que su situación depende exclusivamente de los Tribunales. El Gobierno de Sánchez responde amagando con convocar unas elecciones que no convienen en modo alguno ni a independentistas catalanes ni al PNV (recuerden a Iceta hablando del superdomingo), ni tampoco a Podemos, aunque este último se ha unido apresuradamente a pedirlas (convocando incluso las primarias para elegir al futuro candidato) para distanciarse del PSOE en las elecciones andaluzas (Teresa Rodríguez ya ha dicho que no pactará ni muerta con Susana Díaz, que según las encuestas ganaría por goleada aunque sin mayoría absoluta), y porque el PSOE a nivel nacional recupera intenciones de voto a costa de los morados.

La crispación está servida. El Gobierno socialista recibe bastonazos a derecha e izquierda, y la oposición sube el tono de las críticas (entre ellos y contra el presidente Sánchez) hasta niveles poco recomendables en democracia, pues lanzar acusaciones constantes de franquistas (fascistas) por parte de unos y golpistas ( de hecho en nuestro país por suerte no se ha perpetrado ninguna asonada golpista en las ultimas décadas) por parte de los otros corre el serio peligro de banalizar estas aberraciones políticas, que tanto dolor han causado a la humanidad en su conjunto.

Pero lo cierto es que Sánchez aún tiene algunos ases bajo la manga, pues a pesar de que es más que probable que sus PGE pasen a mejor vida, ¿serán capaces los partidos de la moción de no aprobar decretos para subir el sueldo mínimo o mejorar las condiciones sociales de los españoles? Mucho me temo que sería bastante difícil de explicar a sus votantes.

En este sentido, hoy se inicia en Cataluña una huelga de 5 días del sector sanitario. Denuncian la pérdida de 900 profesionales de la sanidad desde que se iniciaron los recortes por parte de la Generalitat y la rebaja en un 30% en sus salarios. ¿Hasta cuándo los catalanes van a seguir dando carta blanca a los partidos que sustentan un Gobierno catalán cuyo único mansaje es la independencia? ¿Hasta cuándo van a soportar seguir sin gobierno en pro de una independencia que cada vez está más claro que no sucederá, y, lo que es peor, sus propios inductores sabían que no era factible?

Es evidente que Sánchez no podrá finalizar la legislatura como prometía, pero que nadie crea que convocará elecciones antes de mayo. Abandonar el poder sin saber resultados en municipales, autonómicas y europeas sería un harakiri que los socialistas no están dispuestos a llevar a cabo. Además, tiene que sacar a Franco del Valle de los Caídos, aprobar la subida del sueldo mínimo (o intentarlo), derogar algunos artículos de la reforma laboral y garantizar algunas medidas en avances feministas y de dependencia que le garantizarían afianzar el voto que los coloque como primera fuerza política. Si no, todo habrá sido en vano.

Cuba, qué linda es Cuba…

Por otra parte, no quisiera pasar por alto la histórica visita del presidente del Gobierno a Cuba. Una visita que debió haber sucedido mucho antes, ya que, por razones obvias, España debe jugar un papel prominente tanto en la posible democratización de la isla (proceso que Trump a cercenado, por cierto), como en las inversiones extranjeras que desde hace ya algunos años recibe el enclave caribeño.

Ciudadanos y PP han puesto el grito en el cielo por la visita oficial del Gobierno a una dictadura, pero esos mismos partidos callan y otorgan cuando las visitas son a Arabia Saudí o Marruecos. En el lado contrario, Unidos Podemos y otros partidos condenan las visitas a Marruecos y Arabia Saudí mientras celebran la visita a Cuba. Lo que sin duda tira por tierra ese discurso de transversalidad, de la muerte del eje izquierda-derecha, que algunos se empeñan en preconizar. Otra cosa distinta es que se denuncie, al menos así lo creo yo, que estas dictaduras del siglo XXI (y algunas otras disfrazadas de democracia) han perdido cualquier connotación ideológica para convertirse en Estados mafiosos y tiranos cuya única ideología es mantenerse en el poder.

Los casos del asesinato del periodista Khashoggi en el Consulado de Arabia Saudita en Turquía y el “autosucidio” más que sospechoso del concejal opositor Fernando Albán en dependencias de Inteligencia en Venezuela dan buena prueba de que estos regímenes solo son mafias corruptas y violadoras de DDHH de forma impune., sea cual sea la ideología tras la que se esconden.

Al margen pues de ideologías, confío en que cuando Pedro Sánchez recalca que habló de TODO con Díaz-Canel, se refiera a que habló de la liberación de los presos políticos opositores, pero también del papel que juega Cuba a la hora de fortalecer los represores e ilegítimos gobiernos de Venezuela y Nicaragua (no olvidemos que, entre otras cosas, efectivos del Ejército cubano ocupan puestos de relevancia en los ejércitos venezolano y nicaragüense) antes de firmar acuerdos que favorezcan a Cuba. Quizás confundo mis deseos con la realidad, pero también confío en que el Gobierno español trabaje de alguna forma en privado, a través de las cancillerías, contra las violaciones de DDHH en Marruecos, Arabia Saudí, China y cualquier otro país que los viole.

@SoniaCaracasMad

 

La ética política frente a la impunidad del poder económico

arabia saudí

Está claro que la ética política no es algo que se prodigue en estos aciagos tiempos en los que hemos permitido que sea el capital quien realmente gobierne el mundo. Pero no son solo aquellos con responsabilidad de gobierno los culpables de esta falta de ética, pues, a mi juicio, quienes realizan declaraciones grandilocuentes cargadas de razones éticas con fines electoralistas a sabiendas de los problemas que acarrearía tomar ciertas decisiones son al menos tan hipócritas como los primeros.

Tras el cruel y descaradísimo asesinato por torturas del periodista saudí Jamal Khashoggi, crítico con la teocracia de su país, una monarquía violadora de derechos humanos desde hace décadas, en el mismísimo Consulado saudí en Ankara, Turquía, ha destapado la caja de Pandora de la ética política, aunque para ser más exactos, ha desatado la hipocresía política y los compromisos económicos e ideológicos de los países occidentales.

Alemania ha sido la primera en anunciar su propuesta de dejar de vender armas a Riad, pero en el fondo es una de esas declaraciones grandilocuentes a las que me refería, ya que en realidad el Gobierno de Angela Merkel acaba de entregar un último pedido de 400 millones y su venta de armas al país árabe no afecta de manera significativa a su economía. Es decir, lanza un alegato que no le costará nada cumplir.

En este contexto, los países de la UE aprobaron hoy en el Parlamento Europeo una más que descafeinada resolución que incluye, entre algunas otras medidas, la eliminación de visados para funcionarios implicados e incluso el embargo de armas para Arabia Saudí, pero no será de obligado cumplimiento para los países miembros. No olvidemos que Occidente lleva muchos años haciendo negocio con los crímenes de guerra perpetrados por los saudís, ya que los países que más armas han vendido a Arabia Saudí en los últimos años son, por este orden, EEUU, el Reino Unido, Francia, España y Alemania. El verdadero problema, sin duda, es que en este caso se trata del asesinato de “uno de los nuestros”, un periodista colaborador del Washington Post, y en territorio de un país perteneciente a la OTAN.

Pero centrémonos en España.

Desde Unidos Podemos exigen que España deje de vender armas a Arabia Saudí inmediatamente, y está claro que eso sería lo correcto éticamente hablando, pero resulta que parecen olvidar lo sucedido hace apenas unas semanas, cuando la ministra de Defensa, Margarita Robles, por iniciativa propia y tras un bombardeo a Yemen por parte de los saudís en el que fallecieron niños, anunció que rescindiría los contratos de venta de armamento vigentes, al fin y al cabo, si hablamos de armas en sentido estricto, para España esa venta apenas supone unos cientos de millones de euros, dinero del que se puede prescindir sin que nuestra economía se vea afectada. Pero había pasado algo por alto: Arabia Saudí tiene firmado un contrato con los astilleros Navantia que supone un monto de 1.800 millones de euros y del que depende el sustento de 6.000 familias en Cádiz. A lo que habría que sumar los puestos que podrían perderse en la industria armamentista y los intereses de empresas españolas (en las que también trabajan españoles) en el país árabe, como es, por ejemplo, la construcción del AVE a la Meca. Estos detalles, que aún continúan vigentes, hicieron que Robles tuviese que recular.

Hoy se sabe que la suma de convenios de diversa naturaleza con Arabia Saudí suponen para España unos 17.000 millones, y los empleos que lógicamente estarían vinculados a esa gran cifra de negocios.

Al preguntarle a los líderes de Podemos por esta situación, lo solucionan diciendo que el Gobierno busque nuevos clientes para esas corbetas que ya están en construcción (como si hablásemos de vender un kilo de limones y desconociesen que los astilleros están de capa caída a nivel mundial) o que sea el Estado quien rescate a Navantia y se quede con las corbetas, como si se tratase de dos duros (recordemos aquí que equivaldría al dinero necesario para cubrir, por ejemplo, la actualización de las pensiones al IPC). Lo que me lleva a otra pregunta: ¿son los trabajadores de Navantia los únicos que merecen ser rescatados? ¿Qué pasa con el millón y medio de desempleados mayores de 45 años en riesgo de exclusión social? ¿Y con los empleados de Vestas o Alcoa?

En definitiva, es muy fácil presumir de ética y de lo políticamente correcto cuando no eres tú quien debe asumir las consecuencias. Y repito que soy absolutamente partidaria de que no se vendan amas a Arabia Saudí, pero tampoco a cualquier otro país que pueda destinarlas a asesinar impunemente a otros pueblos o al suyo propio.

Y aquí entramos en otra gran contradicción ética. Ciertamente Arabia Saudí encabeza la lista de “países no libres” a los que España vende armas desde 2014, pero en esa lista también aparecen la propia Turquía, Egipto, Omán, Kazajistán, Uzbekistán, Vietnam, Irak, Guinea Ecuatorial y Venezuela, aunque de forma bastante residual desde la grave crisis que atraviesa el país caribeño, entre otros. ¿Dónde están los representantes políticos que claman para que también se deje de vender armas a estos países.

Sánchez al menos ejerce la ética de la verdad

Nos hemos vuelto todos tan desfachatadamente hipócritas, que resulta prácticamente imposible hablar de ética y política en el mismo párrafo.

Y hablando de hipocresía política, ¿a nadie le resulta extraño que de repente Erdogán se haya convertido en el máximo defensor de los DDHH y la prensa libre? ¿Desde cuándo es el gobernante turco un luchador contra la tortura o a favor de la libertad de expresión? ¿No tendrá nada que ver su alineación en el eje Rusia-Irán y su necesidad de protagonismo en el área?

Hablando de hipocresía política, ¿por qué solo se pide que se deje de vender armas o se tomen medidas para acorralar a Arabia Saudí y no a todos los países que violan los derechos humanos? ¿Por qué no dejamos de vender armas a la propia Turquía?

También parecemos olvidar el control del petróleo que tiene Arabia Saudí, y no solo por ser el país con mayores reservas extraíbles (en realidad es Venezuela el país con mayores reservas petroleras del mundo, pero su petróleo es mucho más pesado y costoso de extraer, además de que debido a la falta de mantenimiento y a la corrupción en las filas de la empresa de petróleos gubernamental, PDVSA, el país caribeño ha limitado de forma dramática sus exportaciones), sino también por la situación internacional en que se encuentra Irán, su “enemigo” y mayor competidor en hidrocarburos.

Tal y como está el patio, lamentablemente a veces tenemos que conformarnos que la ética en la comunicación política se limite a ser honesto, a decir la verdad, a admitir que no nos podemos permitir dejar de vender armas a Arabia Saudí, porque defender el trabajo de los españoles también es defender los derechos humanos. Y en este sentido quiero romper una lanza a favor del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha tenido la valentía de ser honesto: “No siempre se pueden convertir los ideales en realidades”.

La trampa de la geopolítica ideológica

Para finalizar, les pido que me permitan la licencia de hacer algunas preguntas que me afectan de manera personal por haber nacido en Venezuela: ¿cuál es la diferencia entre el asesinato del Khashoggi en el Consulado saudí y el “autosuicidio” del concejal opositor Fernando Albán en dependencias policiales de Venezuela, lanzándose supuestamente por la ventana de una baño desde el piso 10, cuando los mismos funcionarios del lugar han filtrado un plano que demuestra que los baños no tienen ventanas y cuya autopsia ha revelado tener agua en los pulmones? ¿Por qué entonces desde Unidos Podemos no se dice ni pío?

¿Cuál es la diferencia entre los asesinatos perpetrados por el Ejército de Arabia Saudí contra civiles yemeníes y las alrededor de 300 ejecuciones de manifestantes por parte del Ejército de Daniel Ortega en Nicaragua? ¿Por qué entonces la izquierda europea no dice ni pío?

¿Por qué estamos todos tan preocupados (yo la primera) por el hecho de que Bolsonaro haya anunciado que explotará económicamente el Amazonas y armará a la “gente buena”, si Nicolás Maduro hace años que explota con esbirros y de forma secreta, corrupta y antiecológica el Arco Minero (oro y coltán fundamentalmente), probablemente la zona geológica más antigua y teóricamente protegida del planeta, al ser considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y la población venezolana adepta al régimen está armada por el chavismo desde hace 20 años? Oro que, por cierto, acaba casualmente en Turquía de forma bastante dudosa, ya que escapa a cualquier auditoría o control por parte del Parlamento venezolano o cualquier otra institución independiente. ¿Por qué entonces desde los grupos ecologistas y antiarmamentistas internacionales no se dice ni pío?

¿Y qué decir de Marruecos, Guinea Ecuatorial, Irak…? Definitivamente estamos todos presos de una sociedad globalizada en la que desafortunadamente gobiernan los capitales, pero lo peor es que no hacemos nada realmente efectivo para cambiarlo. Desde que el mundo es mundo solo cambian las cosas cuando los ciudadanos en masa y en las calles lo deciden, y en este mundo actual pretendemos hacerlo desde las redes sociales e Internet, enriqueciendo más aun con ello a nuestros verdaderos enemigos, que sin duda son las multinacionales todopoderosas, y entre ellas destacan las grandes tecnológicas, que además de quedarse con nuestro dinero y explotarnos, poseen el poder absoluto de manejar todos nuestros datos y preferencias. Piénsenlo: una sola semana de huelga internacional de consumo, cambiaría de forma drástica la balanza de poderes, pero admitámoslo, somos incapaces incluso de dejar de usar un solo día, una sola hora, las redes.

 

El relato independentista se tambalea: señor Puigdemont, efectivamente, la paciencia de los catalanes tiene un límite

TORRA

Las acusaciones informativas sobre algunos ministros que persiguen al Gobierno de Pedro Sánchez, unido a la torpe política comunicacional con la que han sido enfrentadas, lograron que durante un par de semanas los socialistas perdiesen el acierto que había supuesto lograr marcar una activa agenda política. Pero cuando todo parecía tambalearse, aparecen Quim Torra y Podemos con sus ultimátum e involuntariamente ayudan a Sánchez a recuperar el timón de esa agenda.

Torra acosado por todos los flancos

Ya está más que claro que el ultimátum dado por Quim Torra en sede parlamentaria no ha tenido ningún efecto. De hecho, con su postura de negarse a aceptar la cesión temporal del voto de los parlamentarios de JxCat encarcelados o en el exterior, tal y como exigen la Justicia y ERC acata, el ultimátum lo ha recibido él por parte de ERC, que no se amilana y vota junto al PSC en la Mesa del Congreso en contra de lo propuesto por Torra.

Muchos analistas y políticos opositores interpretaron el ultimátum de Torra como el fin del Gobierno socialista, pero en mi modesta opinión el efecto ha sido el contrario: además de enviar al olvido las cuitas ministeriales, ha conseguido que sea el Govern el que corra serio peligro de desintegrarse. El efecto Puigdemont parece tener los días contados. Tiene razón el expresident cuando afirma que la paciencia de los catalanes tiene un límite.

Algunos lo califican como un error de Torra, pero a mi juicio estas últimas jugadas son la única salida que le quedaba a Puigdemont para seguir llevando la batuta. El relato independentista ha perdido fuelle en Europa, la prensa ya no lo considera noticia, y el de Gerona empieza a saberse perdido como líder indiscutible e indiscutido.

Así, el Pleno del Parlament de la semana pasada acabó como el rosario de la aurora, y a JxCat y ERC no les quedó otro remedio que representar, una vez más, una reconciliación frente a las cámaras. Reconciliación que fue más que un parche y que no tardó ni una semana en tener nuevo capítulo, ya que, a punto de retomarse el Pleno que se desconvocó la semana pasada, volvieron a tirarse los trastos a la cabeza. De hecho, ERC votó junto al PSC en la Mesa del Congreso contra el empeño de JxCat de no renunciar temporalmente al acta de diputados de los encarcelados y huidos al exterior, dejando con ello a los independentistas en minoría en el Parlament.

Las cartas están echadas y le toca al PdeCat mover ficha respecto al liderazgo de Puigdemont. Pues el quid de la cuestión es la negativa del expresident a perder su poder y protagonismo, pero, como él mismo advirtió, los catalanes están empezando a perder la paciencia, y queda por ver si los antiguos convergentes están dispuestos a perder protagonismo frente a Esquerra.

Está claro que el procés lleva meses naufragando, y quizás ha llegado la hora de la verdad. En Comú Podem no para de lanzar advertencias sobre el desgobierno de la Generalitat, y no son poco los que comienzan a apostar por nuevas elecciones que desemboquen en un acuerdo ERC, En Comú y PSC… incluso no descartan una moción de censura. Escenario que no comparto en un futuro cercano.

Mi apuesta es por otra pronta reconciliación independentista, pero eso no servirá de mucho, pues Torra (Puigdemont) está acorralado desde diferentes flancos: los CDR lo llaman traidor, la ANC le exige que retome la vía unilateral o se haga a un lado, Puigdemont se niega a ceder temporalmente su escaño (su poder) y ERC se muestra más proclive a calmar el patio, al menos hasta ver qué sucede en los juicios pendientes. Así que mucho me temo que todavía nos queda más de una representación de reconciliación y vuelta al enfado. Aunque quizás sí haya algún movimiento inesperado en referencia al liderazgo absoluto de Puigdemont: tarde o temprano tendrá que dar su brazo a torcer y renunciar temporalmente al escaño.

Veremos cómo se van desarrollando los acontecimientos, el viernes se reúne el PdeCat para analizar la situación, y no faltan voces que apuntan que Torra podría  incluso renunciar a la presidencia y dejar con ello a su amigo Puigdemont a los pies de los caballos, pues la presidencia podría recaer en Elsa Artadi, cuyas relaciones con Puigdemont, según cuentan, no pasan por su mejor momento. Sacrificar a Puigdemont quizás sea la única salida para el PdeCat.

De momento, Sánchez ha salido fortalecido de estos pulsos. Demostrando una vez más que sabe caer de pie.

Podemos quiere protagonismo

Por otra parte, Podemos también se suma al ultimátum de no apoyar los Presupuestos. Necesitan justificar ante sus votantes su apoyo a Sánchez, y para ello pretenden convertirse en los artífices de las medidas sociales que finalmente se incluyan en las cuentas socialistas.

En las filas socialistas hacen oídos sordos e insisten en que el Gobierno ya tiene prácticamente listo el proyecto de Presupuestos que entregará a Bruselas, y que el acuerdo con Podemos está al caer, mandando un claro mensaje: “Aquí mando yo”. Y recuerdan, como de pasada, que siempre queda la opción de prorrogar los presupuestos de Rajoy.

En definitiva, Sánchez se muestra tranquilo, pues en el fondo sabe que ninguno de los partidos que apoyaron la moción de censura quieren una convocatoria de elecciones a estas alturas, por eso se puede permitir el lujo de decirle un no rotundo a Torra y asegurar que Podemos solo quiere un poco de protagonismo y van de farol.

No olvidemos que en apenas un par de meses (Susana Díaz ha convocado elecciones para el 2 de diciembre) comienza un largo periodo de citas electorales y todos están en precampaña. Y en esta perpetua precampaña Podemos ha sufrido un nuevo revés al despertarse el lunes con la renuncia de su portavoz en la Asamblea de Madrid, Lorena Ruiz-Huerta, porque el proyecto que encabeza Errejón “no coincide” con su proyecto de una política hecha por y para los ciudadanos, ni “con el proyecto de los anticapis”. Añadiendo que Podemos se parece cada vez más a los partidos tradicionales y pronosticando que no les augura un “buen resultado”.

Lo cierto es que las encuestas no son muy favorables a Podemos, que se encuentra en una difícil encrucijada: si no apoyan al PSOE serán acusados de favorecer que gobierne la derecha, pero apoyándolo sufren el desgaste que ocasiona plegarse a un partido de la casta que tanto han condenado. Situación esta que también favorece a los socialistas, que han comenzado a recuperar a parte de los votantes que los habían abandonado en favor de las filas podemitas.

Nos esperan unas semanas apasionantes en lo que a política se refiere, y dejo para otra ocasión el guirigay entre las derechas, porque ahora quisiera dedicar unas líneas para hablar de comunicación política.

Por la boca muere el pez

Desde que la humanidad inventó el lenguaje, nos hemos convertido en esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios, pero definitivamente no aprendemos a callar. Y si todos deberíamos ser prudentes en nuestros mensajes, en el caso de los políticos es vital: es incomprensible que en el siglo XXI continúen lanzando globos sonda, amenazas, mensajes que deben ser desmentidos minutos después, promesas vacías… por lo que la única explicación posible es la incontinencia verbal, que aumenta proporcionalmente cuanto más poder adquieras (que se lo pregunten a Donald Trump).

Y seamos sinceros, la aparición de las redes sociales no ayuda, eso de poder vomitar lo primero que se te ocurra en un momento de calentón, o simplemente una idea que se te antoja brillante sin tomarte el tiempo de analizarla y contrastarla, es peligroso, muy peligroso. Ya sabemos aquello de “Por la boca muere el pez”.

El meollo de la cuestión es la necesidad de dar titulares, de lanzar tuits, que parece dominar la comunicación política (o, mejor dicho, la comunicación en general) y que impide esa “reflexión” de la que habló Sánchez, y que cabe recordarle que sería muy conveniente hacerla antes de lanzar una noticia, y no después, cuando inevitablemente se llama rectificación.

Hay un empeño tan enfermizo en construir relatos que hemos olvidado que esos relatos no tienen que ser inventados, de hecho, a la política actual no le vendría nada mal construir relatos fundamentados en la verdad, y no un relato como en esos teleplay para dormir la siesta los sábados, “basado en hechos reales”.

Siempre que sucede uno de estos estrepitosos fallos de comunicación política me pregunto si será responsabilidad del asesor de comunicación de turno o si simplemente obedece a esa incontinencia verbal de la que hablaba. Me inclino a elegir la segunda opción.

Solo así se explica, por ejemplo, la incomprensible declaración de la ministra de Justicia, otrora fiscal en antiterrorismo, cuando aseguró que ni siquiera conocía al hoy “apestado” y encarcelado excomisario Villarejo. ¿Por qué no decirla verdad si no hay nada más comprensible que el hecho de que una fiscal en antiterrorismo se relacione de manera profesional, e incluso de forma personal, con un comisario de Policía? ¿Dónde está el delito o la inmoralidad? ¿No se le cruzó por la cabeza que el diario que lo publicó tendría pruebas, teniendo en cuanta que ella sabía que se había reunido con él en alguna ocasión y que todos llevamos en mano un teléfono con cámara de vídeo y grabadora?

De haberlo hecho, ahora no sería acusada de mentir. Algo que últimamente los ciudadanos no estamos muy dispuestos a perdonarle a los políticos. Ni se habría visto obligada a presentar la renuncia al presidente. Renuncia que éste rechazó, quizás porque una renuncia ministerial más perjudicaría la credibilidad de su Gobierno.

Pedro Sánchez debe querer estrangularlos a todos, y no digamos Iván Redondo.

Mucho mejor resultó la rápida respuesta del ministro Pedro Duque, que admitió y explicó la noticia aparecida sobre la compra de sus viviendas a través de una sociedad patrimonial. ¿Para qué molestarse en negar algo que apenas se tarda unos minutos en comprobar en la actual sociedad digital? ¿Para qué lanzar mensajes sin meditar que nos perseguirán de por vida? Me temo que el problema sea que por muchas tecnologías que inventemos, seguimos siendo simplemente seres humanos.

En definitiva, los políticos no solo deben decir la verdad, faltaría más, sino que además deben coordinarse a la hora de comunicarla, y para eso cuentan con asesores de comunicación, a quienes deberían aprender a hacer caso… o despedir.

Como apuntaba al principio, de momento Pedro Sánchez ha vuelto a coger las riendas de la agenda política, pero debe tener cuidado, porque ha sido gracias a los errores de sus “compañeros de viaje”, y no a sus propios aciertos. Un nuevo escándalo entre las filas ministeriales podría ser letal, así que doy por hecho que habrán recibido una lección y a partir de ahora tendrán buen cuidado de no hablar con la prensa antes de saber cuál es la respuesta. Nos esperan muchas elecciones y las espadas están en alto: la oposición se juega mucho y no desperdiciará ocasión de intentar desprestigiar al Gobierno de Sánchez.

La dignidad de aplaudir que se asesinase a Somoza o el valor de volver a ser políticamente incorrecta

Estas vacaciones me ha dado por hacer análisis de conciencia (estoy envejeciendo), por admitir mis contradicciones humanas y políticas, y, sobre todo, por intentar dejar de lado ese invento que es lo políticamente correcto, que en la mayoría de los casos no es más que ser un tanto hipócrita. Quizás también tenga mucho que ver que los desempleados mayores de 45 años (en mi caso, 12 más) tenemos poco que perder, y cuando se tiene poco que perder, se gana en sinceridad. Así que hoy, que se cumplen 38 años del atentado que acabó con la vida del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, en Asunción (Paraguay), aprovecho para volver a celebrar su fin y la vuelta a la dignidad de aquella Nicaragua, y pedir que alcemos la voz para que esa dignidad vuelva a ser restituida en esta Nicaragua de hoy en día, pues su otrora libertador Daniel Ortega se ha convertido con el paso del tiempo y la corrupción en su último carcelero.

Comencemos pues hablando de la posverdad. Que suena como una palabra muy chula y sesuda, pero que no es más que la manipulación y distorsión de la comunicación política hasta convertirla en burda propaganda. Es decir, construir un relato creíble pero sin base alguna de verdad. Algo que se ha hecho toda la vida (el concepto es de 1992), la demagogia manipuladora, pero que se ha puesto de moda por el altavoz de las redes sociales… Y continuemos denunciando la desmedida de fake news, que son las noticias falsas de antes, que proliferan porque el periodismo está más pendiente de que sus titulares sean TT en Twitter que en ser la noble profesión de vigilante de los poderes públicos y privados que le corresponde.

Y llegamos por fin a Twitter, red social a la que tengo pronosticado su fin desde hace ya algún tiempo, porque ha dejado de cumplir su función inicial de ejercicio de la libertad de expresión, de la ser la voz de la comunicación global. Ya solo son TT los hastag que promueven grandes empresas (pagando), grandes medios de comunicación o partidos políticos (bueno, los temas vinculados al deporte suelen ir por libre), es decir, más de lo mismo.

El 99,99% de los tuits que se escriben no los lee nadie, y eso siendo generosa. Todos los días cuando abro Twitter me pregunto para qué leo una y otra vez la misma noticia tuiteda por diferentes tuiteros. Solo la misma noticia repleta de comentarios de adeptos y detractores, prácticamente todos bastante insultantes (fascista es el insulto preferido por ambos bandos, sea cual sea el tema), pues si buceas un poco en los comentarios enseguida descubres que se olvida la noticia que dio origen al hilo y se convierte en un ring de boxeo que confío en que al menos sirva para drenar neurosis y lograr que el mundo real sea más soft.

La red se convierte pues en un ring de boxeo, porque la posverdad que defendemos unos y otros (aunque siempre pensemos que es el otro quien está adoctrinado) no tiene grises y se dirige cual flecha hacia las emociones del ser humano. Porque no hay posverdad que se precie que no apunte a las emociones: el miedo, las injusticias, los sentimientos patrióticos, la esperanza…

Algo que en España se observa de una manera patente en el caso del ya cansino delirio de independentistas y españolistas radicales (acotando aquí que, a mi juicio, todos los nacionalismos son excluyentes, y al ser excluyentes rozan de una forma u otra los postulados fascistas). Ya que en este tema generalmente todo se reduce a eres un facha, y tú más. Ni más ni menos. ¿Por qué? Porque efectivamente toca teclas emocionales, muy alejadas del raciocinio.

Pero también en el tema de la entrega de las armas vendidas a Arabia Saudí: facha si comprendes que sea complicado dejar de vender esas armas, guay si apoyas que se deje de entregar esas armas sin medir las consecuencias.

Está claro que es de sentido común que es inhumano vender armas. Punto. Lo de dejar de vendérselas a Arabia Saudí en un momento en que bombardea a Yemen indiscriminadamente forma parte esos ¿autoengaños? que nos hacemos (¿nos hacen?) con frecuencia, de esa posverdad, porque ¿acaso es menos cruel vendérselas a quien bombardea Siria, a quien reprime en Marruecos o a quien dispara impunemente a su gente en Venezuela? Quedamos pues que lo antiético es vender armas, ¿no? Pero aquí viene otra contradicción: ¿es factible dejar de vender armas de la noche a la mañana poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo en un país en el que hay más de tres millones de desempleados y otros tantos cobran sueldos de miseria? La respuesta es que los políticos prefieren seguir tratándonos como incapacitados mentales.

Yo también caigo con frecuencia en entrar en discusiones absurdas, principalmente cuando el tema toca mis emociones, lo reconozco, y tardo un rato en salir del bucle. Estoy trabajando en ello, no vaya a ser que un día de estos me llame Iglesias para ofrecerme un cargo y tenga que ponerme a borrar tuits como loca, aunque fundamentalmente lo hago porque el otro día fui a un conferencia en la que explicaron que eso de entrar al trapo mancha mi reputación digital, es decir, cerramos el círculo, porque esa reputación, digital o no, está vinculada con lo políticamente correcto.

La trampa de los populismos del siglo XXI

Y hablando de lo políticamente correcto, nos hemos vuelto tan tiquismiquis con esto, y lo hemos manejado tan mal, que aprovechando nuestra pacatería han comenzado a resurgir los partidos populistas radicalizados que presumen de llamar a las cosas por su nombre, y vuelan por los aires ese acuerdo de diplomacia humana que impedía lanzar consignas racistas, proteccionistas, insolidarias y hasta insultantes: “American first”… mientras que los demás seguimos aferrados a la hipocresía de lo políticamente correcto, no vaya a ser que nos llamen violentos o fachas.

Cierta prestigiosa izquierda (Anguita, Monereo e Illeca) se ha apuntado de forma colateral al “Italia para los italianos” de Salvini y Cinco Estrellas, alegando que el Decreto Dignidad es antiliberalista, no fascista, y defendiendo el proteccionismo como forma de recuperar los derechos laborales y la deslocalización, además de asegurar que prohibir la publicidad de los juegos de azar libra a los italianos de una lacra que los lleva a la pobreza. Es decir, tratándonos una vez más como menores de edad políticos, pretendiendo que compremos un relato como mínimo traído por los pelos y apoyando (sin decirlo, claro) las medidas populistas que el propio Trump quiere poner en práctica y que van en la misma dirección. En definitiva, diciéndonos sin reparo lo que tenemos que hacer y apoyar, pues evidentemente solos seríamos incapaces de llegar a tan descabellada conclusión. Y ya lo creo que seríamos incapaces.

Lo cierto es que podemos estar o no de acuerdo con estas medidas, lo que sin duda no se puede hacer es venderlas como medidas de izquierdas, ¿o sí? Y llegamos pues al punto en donde se comprueba que los populismos son populismos y punto, y por mucho que se empeñen, no se diferencian entre sí aunque se pongan el apellido de izquierdas

¿Dónde están los tiempos en que se luchaba por la socialdemocracia y la sociedad del bienestar que Europa logró en buena medida alcanzar? Pues perdónenme que les diga que quiero que vuelvan esos tiempos, y no solo eso, si no que creo y defiendo que es un modo de vida y de reparto de la riqueza que merece ser exportado al resto del planeta. ¿Cómo podemos pues organizarnos para que regresen?

El caso es que pienso que nos estamos equivocando absolutamente con tanto tacto. Los populismos (de derechas o izquierda, da igual) han encontrado en las redes una excelente vía de transmisión para lanzar consignas a las que somos incapaces de responder. Y las consecuencias son bastante desalentadoras.

Los partidos populistas han sacado a la gente de las calles, porque sus promesas de que todo cambiará cuando asalten el poder ha hecho que no se considere necesario luchar por derechos haciendo fuerza en las calles, entre Twitter y el personalísimo candidato está todo hecho. Luchemos entonces nosotros en las calles para plantarles cara y que no se hagan con el poder.

Pues cuando esos populismos triunfan con sus mensajes traicioneros y sus promesas vacías, descubrimos que hay que salir a las calles para echarlos, pero ni con drones cargados con C4 y centenares de mártires parece ser posible.

Y hablando de drones cargados con C4, vuelvo de nuevo a esa cosa de ser políticamente correctos que a veces nos hace sonar tan ridículos. A ver, cuando se le hace a algún político un escrache, no hay un solo tertuliano ni político cuya primera frase no sea: “Vaya por delante que estoy en contra de todo tipo de acoso”. Mentira. Y, salvando las distancias, algo similar ocurre con el intento de ¿atentado? que le hicieron en Venezuela a Nicolás Maduro (no lo llamo presidente con premeditación y alevosía) el pasado 4 de agosto en Caracas.

De cómo maldije que el atentado contra Maduro hubiese fallado

Cuando comenzaron a rodar los tuits de venezolanos lamentándose de que no hubiese tenido éxito, enseguida comenzaron a surgir las voces (en Twitter y en las tertulias) de los políticamente correctos que reclamaban eso de que no se debe usar la violencia, de que el diálogo es la salida y hasta aquello de que no se le debe desear la muerte a nadie.

Lo mismo pasó cuando el New York Times desveló que la Administración Trump se reunió con militares disidentes venezolanos con el fin de valorar una posible intervención en Venezuela, que finalmente fue descartada. No faltaron las críticas feroces, los gritos en el cielo… pero a nadie se le ocurrió apuntar cuál debe ser la solución para el sufrimiento de los pueblos, en este caso el venezolano. Solo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, parece atreverse a hablar claro en lo referente a la macrocrisis que vive el país latinoamericano (ni siquiera la oposición en el exilio es tan contundente), y, por supuesto, soporta con estoicismo que lo llamen fascista en desayuno, almuerzo, merienda y cena. Y se lo llaman aquellos que alcahuetean al régimen militarizado, corrupto y totalitario de Nicolás Maduro. Vivir para ver.

Pues qué quieren que les diga, yo echo de menos esos días en que se celebraba por todo lo alto que los atentados contra Leónidas Trujillo, Somoza o Carrero Blanco hubiesen sido todo un éxito. Y se lamentaba con igual sinceridad que con Pinochet hubiesen fallado.

Seamos sinceros: ¿cuántos millones de españoles hubiesen celebrado un exitoso atentado contra Franco?; ¿cuántos argentinos se hubiesen salvado si alguien hubiese podido asesinar a Videla?; ¿creen acaso que no llegarían a la centena de millones los que hubiesen brindado si Stalin hubiese sido ametrallado?; ¿y qué me dicen de Idi Amín, Obiang y Mobutu?

¿Por qué tenemos que fingir que realmente nos importan las vidas de estos sanguinarios? ¿Por qué somos tan hipócritas al decir que se puede salir de sátrapas corruptos totalitarios sin emplear la violencia?

Como dije al principio, me estoy replanteando eso de ser políticamente correcta, total, mi reputación on line ya está absolutamente por los suelos. Y sí, hubiese celebrado por todo lo alto si ese supuesto atentado con drones cargados con C4 hubiese acertado de lleno en Maduro y toda su cúpula político-militar. Hubiese llorado de alegría porque sus muertes hubiesen significado la vuelta a la vida de muchos millones de venezolanos.

@SoniaCaracasMad

Hemos perdido la batalla contra las violaciones de DDHH

Sí, está absolutamente perdida. Miles de instituciones públicas, privadas y No Gubernamentales invierten grandes capitales, económicos y humanos, para combatir las violaciones de Derechos Humanos en el mundo. Millones de ciudadanos salimos a las calles, tuiteamos y escribimos artículos al respecto, pero no sirve de nada. La hemos perdido. Y la hemos perdido más aún quienes nos declaramos de izquierdas, porque somos los que hemos asegurado con fervor que acabaríamos con esas violaciones.

La hemos perdido en Europa, incluidos los países nórdicos, sí. Y se nota cada vez que se alza la voz para impedir la llegada de seres humanos que huyen de guerras, persecuciones y hambrunas con esa excusa inmisericorde de “no cabemos todos”; cada vez que se asesina a una mujer, cada vez que toleramos la exclusión de los desempleados y de los empleados explotados; cada vez que permitimos que se desahucie a los desheredados.

También la hemos perdido en EEUU, claro, y se aprecia cada vez que un inmigrante es separado de sus hijos y enviado al otro lado del muro, cada vez que un negro es ejecutado por un policía blanco y cada vez que se condena a alguien a la pena de muerte.

En Asia y África ni siquiera se ha librado aún esa batalla, y las enumeraciones de violaciones de DDHH son imposibles, aunque a China la hemos exculpado porque ahora es la dueña de nuestro dinero, y porque la izquierda nunca ha condenado demasiado las aberraciones maoístas. También hacemos la vista gorda con las violaciones que se cometen en Rusia, porque Putin se declara de izquierdas, y claro, ya he dicho que esa batalla la enarbola la izquierda y ¿quién va a querer tirar piedras en su propio tejado?

Y en América Latina, qué decir de América Latina, continuamente violada por tener el privilegio de ser una zona repleta de riquezas naturales, renovables y no renovables, que no han dejado de expoliar propios y ajenos.

De mis tiempos de miembro de Amnistía Internacional recuerdo haber visto un impactante vídeo de las confesiones de un torturador griego de la época de la Dictadura de los Coroneles. Me impactó tanto escuchar tantas atrocidades que jamás lo he olvidado. Hoy, 30 años después, sentí el mismo impacto, la misma impotencia, cuando vi las imágenes del diputado venezolano Juan Requesens (secuestrado por la dictadura con la excusa de considerarlo extrajudicialmente culpable de la telenovela del atentado) tras ser vilmente torturado por el régimen de Maduro. Y en ese momento comprendí que habíamos perdido la batalla.

El relato chavista aún tiene adeptos

Pensé mucho si reproducir las imágenes o no (fueron enviadas por uno de sus torturadores, pero se desconoce si las envió porque no soporta más hacerlo o como un mensaje de advertencia para acallar a los venezolanos, yo quiero creer lo primero), pero finalmente decidí hacerlo porque viéndolas ya nadie más podrá defender al “Gobierno democrático de Maduro” sin caer en la más pura ignominia.

Y sí, me refiero a Izquierda Unida, Podemos, Bildu, ERC, la CUO y otros partidos de la izquierda europea afines a estas formaciones. A partidos que tienen a bien llamarnos fascistas a todos los demócratas venezolanos y de otros países que alzamos nuestra voz para denunciar las aberraciones que comete la narcodictadura venezolana corrupta y asesina que ha llevado a uno de los países más ricos del mundo a la miseria.

Hemos perdido la batalla porque somos cómplices. Hemos perdido la batalla porque tenemos por norma no condenar a “los nuestros”. Porque somos capaces de hacer la vista gorda. Así lleva siendo con Venezuela los últimos 20 años. El petróleo y el populismo han comprado muchas voluntades.

Alberto Garzón se apresuró a publicar una firme condena al ¿atentado? de Maduro. Pero jamás he leído (ni oído) una sola palabra suya (ni de Iglesias, Cayo Lara, Irene Montero, Errejón o Echenique, cuya mujer es venezolana estudiada en Cuba, y cada quien que saque sus propias conclusiones) sobre los miles de niños venezolanos que mueren de desnutrición, los enfermos de cáncer que no tienen acceso a quimioterapia, los asesinados en protestas por los colectivos armados por el régimen, los muertos en manos de la delincuencia que campa a sus anchas, los ancianos que no tienen qué comer ni cómo tomar sus pastillas para la tensión porque su pensión es de un mísero dólar, mientras que los precios de todo en Venezuela están dolarizados porque el chavismo se encargó de destruir y expropiar (para luego arruinar) todos los medios de producción del país. Para esto está echar la culpa a la “guerra económica”, aunque esa supuesta guerra económica no pueda explicar ni los cortes de luz del país más rico en materia de energía del mundo, ni la falta de agua en un país tropical, y mucho menos las cuentas milmillonarias que se han detectado a los chavistas en diversos países.

En los últimos días he escuchado a muchos militantes de Unidos Podemos llenar las redes de soflamas reivindicativas porque Pedro Sánchez usó el avión presidencial para ir a Valencia. Aunque a esas mismas personas les pareció absolutamente normal y revolucionario que Maduro les enviase el avión presidencial venezolano para recogerlos y llevarlos a un encuentro en Venezuela, claro, ese dinero público para avión de ida y vuelta era de los venezolanos, y ese sí se puede despilfarrar y malversar con su complicidad. También los he visto enardecidos porque Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, aceptó un empleo para hacer el trabajo que lleva haciendo 20 años. Lo llaman nepotismo. Pero defienden que toda la familia de Maduro y la “primera combatiente” tenga un cambur (como se llama a los enchufes en Venezuela) y hasta que los sobrinos presidenciales (conocidos como los narcosobrinos) hayan sido condenados por narcotráfico en EEUU tras ser atrapados en una avioneta que despegó desde la pista presidencial, evitando así todos los controles.

A muerte defendieron que Monedero cobrase 500.000 dólares por un trabajo que nadie ha visto, y les pareció normal esa tarifa para la investigación sobre una supuesta moneda única, ALBA, que jamás tuvo ni la más mínima posibilidad de existir. Claro, al igual que el avión presidencial, era dinero público venezolano, ¿qué más da?

Espero que todas estas personas que quizás de una forma ingenua y romántica apoyan al régimen desde Europa, sobre todo los diputados, sientan la empatía suficiente hacia Requesens como para cambiar de opinión. Pero de no ser así, confío en que sean muchas las voces que se alcen para recordarles que los DDHH se defienden para amigos y enemigos, porque si no, no puedes llenarte la boca diciendo que defiendes los DDHH.

Espero que esta vez la comunidad internacional dé un verdadero golpe sobre la mesa y exija, como saben exigir cuando conviene, que abandone inmediatamente el cargo.

Hemos perdido la batalla, sí señores, pero confío en que en algún momento se gane la guerra.

@SoniaCaracasMad